DOS DOCTRINAS PENITENCIARIAS ANTECEDENTES

Nota Profesor: Humberto Guglielmin. – 

La Constitución de 1994 dice en el artículo 18: “quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará responsable al juez que la autorice”.
Repitiendo lo que en todas partes siempre se defendió, la Constitución da a entender que la cárcel tiene un doble objetivo: a) proteger a la sociedad del mal que pudieran hacerle los malhechores y b) tratar de rehabilitar al delincuente para que a su salida de la prisión pueda reinsertarse en forma positiva a la sociedad.
La verdad es que los constituyentes de 1994 podrían haberse exigido un poco más, y aclarar qué quisieron decir concretamente cuando señalaron que la cárcel es para la “seguridad (¿de la sociedad o del delincuente?) y no para el castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que, a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos…” (¿hay que premiarlos por lo que hicieron?).
Para la mayoría de los argentinos la cárcel no puede ser un lugar donde los internos tengan privilegios que muchísimos ciudadanos decentes no tienen: un techo, cama, comida sana tres veces por día, “visitas higiénicas”, celulares, TV, visitas de familiares, atención médica gratuita, medicamentos gratis, escolarización primaria, secundaria y acceso a la universidad, asistencia legal, deportes, trabajo optativo… Hay casos de personas a quienes el cumplimiento de la pena los encontró en edad avanzada, y que pidieron a la justicia seguir en la cárcel porque allí tienen todo asegurado, y fuera de la cárcel las cosas están muy difíciles.
En la Constitución existen artículos cuyo contenido es de cumplimiento muy poco realista, o que se prestan a interpretaciones muy abiertas. Los artículos 14 bis especialmente, y el 18 sobre las cárceles, son notorios ejemplos. Tal vez esta elasticidad en las interpretaciones no es casual, pues permite que, en la cambiante historia argentina, cada gobierno del signo que fuere tome las medidas sobre política penitenciaria dentro de lo que las interpretaciones constitucionales permiten. Vamos a ver dos modelos diferentes y extremos, sobre la forma en que el Estado puede tratar a quienes han cometido delitos graves.

VISIÓN DE LA GENERACIÓN DEL 80
En este período la tendencia dominante era castigar a quienes habían maltratado a la sociedad con sus delitos. Se valoraba mucho la ejemplaridad de las penas para disuadir conductas reñidas con la ley. Argentina, poco a poco, comenzó a incorporarse a las naciones que tenían prisiones y políticas penales. La isla Martín García era una prisión de hecho desde el año 1755, pero era solo ocasional. La Generación del 80, en su afán modernizador, estimaba que se imponía comenzar a tener una política penitenciaria nacional organizada y permanente, que pusiera en práctica lo que decía la Constitución. El lugar elegido fue el de la Isla de los Estados.

EL PRESIDIO DE LA ISLA DE LOS ESTADOS
La Isla de los Estados está ubicada en el extremo oriental de la Península de Mitre, Tierra del Fuego, de la que está separada por unos 24 kilómetros por el Estrecho de Le Maire. La isla es una maraña montañosa, de bordes recortados que forman fiordos y bahías, que fue duramente castigada por las glaciaciones del Cuaternario. Las zonas llanas son casi inexistentes. Su mayor elevación apenas supera los 800 m. y su superficie es de unas 50.000 hectáreas; su largo de E. a O. es de 63 km. Y su mayor estrechamiento es un istmo de apenas 500 metros. Su clima es frío oceánico, muy raramente supera los 12 grados, tiene vientos constantes y breves chubascos helados varias veces al día según el capricho de las nubes; supera los 2.000 mm de lluvias por año. Está cubierta de bosques bajos castigados por los fuertes vientos; en las partes bajas existen turbales y en las costas proliferan gigantescas algas pardas.

LA PRISIÓN
En el año 1884, los asesores del presidente Julio A. Roca (1880- 1886), el creador del “orden conservador”, recibieron el encargo de buscar un lugar adecuado para construir una prisión donde serían alojados los militares que hubieran cometido crímenes muy graves (también serían enviados unos pocos civiles). En esos años, se creía que los mejores lugares para estos internos eran “las prisiones naturales”. Los ejemplos más conocidos fueron los de Estados Unidos que eligió como prisión de máxima seguridad a la isla de Alcatraz, y Francia, que hizo lo propio con la “Isla del Diablo”, en la Guyana Francesa. De cualquier prisión natural nadie podría escapar. (Henri Charriere, en su novela Papillón, describió con vivacidad las terribles condiciones que se vivían en esa isla).
Se presentaron varias propuestas; las que tuvieron más aceptación fueron la de Tierra del Fuego y la de la Isla de los Estados. Fue el aventurero Julio Popper el que logró imponer a la Isla de los Estados como el lugar ideal: los 24 km que separaban la isla de los Estados y la península Mitre -Tierra del Fuego- y las frías y fuertes corrientes que existen en el Estrecho de Le Maire, hacían ilusorio todo intento de escape a nado; por lo tanto se les podría permitir, sin preocupación alguna, una libertad relativa para conocer el entorno o buscar leña pues el clima y el relieve escarpado los obligaría a volver a las barracas; allí existe madera para carpintería, y combustible ilimitados (la turba); había piedra para la construcción; se llevarían máquinas para carpintería, tornería y otras, para que los internos trabajen; en semejante lugar no se crearía el ambiente desmoralizador de las cárceles urbanas tradicionales; se llevarían vacas y ovejas para obtener leche, quesos y carne; se cultivaría la papa etc. … La propuesta fue convincente por lo que se ordenó a la Marina que tomara las providencias para su construcción en esa isla.
Popper conocía muy bien las costas de Tierra del Fuego, pero no las costas y el clima de la Isla de los Estados y, menos aún, el efecto a largo plazo que ese tipo de clima y de aislamiento producen sobre los internos.
La prisión militar que funcionó en esta isla lo hizo en dos lugares distintos, primero en San Juan de Salvamento y luego su traslado a Puerto Cook. Los detalles que daremos son igualmente aplicables a cualquiera de ellos.

Mientras la prisión funcionó en la isla, la población total del penal osciló entre las 100 y 150 personas; de ellas unos 10 o 20 eran personal militar. Seis internos tenían el privilegio (¿?) de tener con ellos a sus esposas más o menos legítimas, y de tener una vivienda familiar. Algunos homicidas tenían largas penas, sustitutivas de la pena de muerte. Se alojaban en grandes barracas de madera, estilo inglés, de unos 20 por 7 metros, techo de chapa y cocinas muy grandes; tenía un muy amplio depósito para víveres, que venían de Río Gallegos. Disponían de unos 10 baños y otras dependencias para la higiene. En un lugar apartado estaba construido un pequeño cementerio. Entre los internos había quienes cumplían tareas de cocinero, panadero, sastre, cuidado de los animales etc. El agua que se bebía era la que se juntaba de los techos por la lluvia; para esto, había muchos depósitos de hierro de gran capacidad.
Buena parte de las construcciones de San Juan de Salvamento y Puerto Cook, fueron hechos por los mismos internos, la mayoría de ellos a “solo ración y sin sueldo”, en condiciones sumamente desfavorables debido a sus tremendas condiciones climáticas y al suelo turboso sobre el que debían construir.

Si bien tanto los internos como el personal militar debían sufrir los mismos rigores de clima, comida y aislamiento, para los militares la pesadilla terminaba cuando llegaba su relevo. Todos los internos tenían penas muy largas y el deterioro de su salud se agravaba con el paso del tiempo. El único escape para los internos eran algunas botellas de alcohol que, curiosamente, se renovaban con cada llegada de la nave de abastecimiento. La comida habitual -todos los días- era carne de carnero traída de Tierra del Fuego. La enfermería era una barraca de unos 20 por 6 metros; tenían una farmacia con limitado abastecimiento, cuando llegaba la nave con los víveres, un médico revisaba y administraba la medicación conveniente a los que estaban enfermos, pero no había médico estable. El tema de la salud era grave: o se curaban por sí solos con la medicación disponible, o había que esperar la próxima visita de un buque para ser trasladados a Río Gallegos. Cuando el gobierno fue informado de esta situación se aprobó un sueldo adecuado para que la Marina envíe un médico estable convenientemente equipado.

PENSANDO EN EL TRASLADO
En febrero de 1901 el comodoro de marina E. Guillermo Howard es comisionado por el gobierno para hacer una inspección objetiva de la situación de ese penal pues habían llegado informaciones de que la situación era muy mala. El informe de Howard no pudo ser más demoledor: aquello era absolutamente inaceptable tanto para los reos como para el personal militar que los custodiaba; esa prisión debía desaparecer y trasladar los internos a las proximidades de la Bahía de Ushuaia.
Uno resultado inmediato de ese informe fue la liberación de los que ya hubieran cumplido cuatro años de prisión, y que la prensa de Bs.As., en especial La Nación, se volcara masivamente a desacreditar las virtudes de ese lugar como prisión. Las grandes ventajas prometidas por Popper para construir una prisión en la Isla de los Estados fueron demolidas por el desconocimiento de la forma que debían tener las instalaciones carcelarias y, especialmente, por el clima insoportable y el efecto desmoralizador del aislamiento total. Atento a los sucesivos informes desfavorables, el gobierno decidió comenzar a estudiar lugares alternativos en Santa Cruz o en Tierra del Fuego para construir una prisión menos brutal.

EL AMOTINAMIENTO
Designado el lugar en la Bahía de Ushuaia donde se construiría la nueva prisión militar, comenzaron a arribar parte de los prisioneros y de los materiales para su construcción, transportados tanto desde Bs. As. como de Puerto Cook. Es en ocasión de este importante cambio que en esta prisión el 6 de diciembre de 1902 se produjo un grave amotinamiento de 51 de los presos que estaban en P. Cook. Faltan muchos detalles de estos sucesos. Se sabe que los sublevados presionaron a los 32 prisioneros restantes para que se les unieran en la huida, pero no lo lograron, y la mayoría de ellos escapó hacia los montes. Los sublevados escaparon en dos balleneras y un bote salvavidas que estaban en el atracadero. Dado el desmantelamiento parcial que se estaba realizando en P. Cook para trasladar sus partes a Ushuaia, la disciplina habitual había cambiado y facilitó que se produjera un amotinamiento. Los cabecillas atacaron por sorpresa, redujeron a algunos guardias, les quitaron las armas, dieron muerte a algunos que se resistieron e hirieron a otros. Robaron todas las armas y víveres posibles y se propusieron llegar a Tierra del Fuego o, mejor, a Chile.
El gobierno ordenó una infructuosa persecución de los evadidos. Como nadie de ellos conocía de navegación, se sospecha que esas embarcaciones no llegaron al destino propuesto.

USHUAIA
El presidio de Ushuaia, llamado también la “cárcel del fin del mundo” funcionó entre 1902 y 1947, año en que fue cerrada por Perón. Era una cárcel y colonia penal para reincidentes y delincuentes peligrosos, donde los internos desempeñaban trabajos forzados, entre ellos la construcción del tren conocido como la trochita y parte de la ciudad. La edificación era muy moderna para la época y se tomaron medidas para favorecer en bienestar de los internos. Fue muy superior en todo sentido a P. Cook.
El futuro presidente Carlos Pellegrini (1898-1904), notabilísimo economista y político, había escrito en el diario El País lo que debía ser una prisión: “Es ya tiempo de sacar el presidio de donde está. Lo reclaman las leyes, nuestra civilización y los antecedentes políticos y sociales de nuestros hombres públicos” … “El nuevo Ministro de Marina, persona altamente humana y previsora, está en el deber de…(remover) el presidio (de Puerto Cook), que habla muy poco a favor de nuestra civilización, y que, en lugar de ser un punto de regeneración moral, contribuye por razones múltiples… a fomentar vicios y precipitar la muerte de seres que aún pueden ser útiles a la sociedad”.
Tanto J. A. Roca como C. Pellegrini sabían que los internos de las prisiones tenían tanto derechos como deberes, y que el Estado no podía romper el equilibrio entre ambos, optando por priorizar uno de ellos.

POLÍTICA PENITENCIARIA KIRCHNERISTA
En su perfil personal de twitter, Víctor Hortel se presentaba como: “Negro de Mierda. Peronista. Pincharrata. Abogado Peronista. Orgullosamente K”. Profesionalmente se presenta como: “ABOGADO. PROFESOR DE LA UNLP. Transité por todos los cargos del Poder Judicial. Ex Defensor General de CABA. EX DIRECTOR DEL SERVICIO PENITENCIARIO NACIONAL”.
V. Hortel es uno de los fundadores e inspiradores de “Vatayón militante” (sic), una organización muy próxima a La Cámpora, que se dedicaba a sacar de las cárceles a presos seleccionados para llevarlos a los actos culturales o políticos kirchneristas. Ellos debían “animar” esas reuniones.
El primer grave escándalo suyo que trascendió a la prensa fue cuando se lo vio haciendo música, ¡fuera del penal!, junto a Eduardo Vázquez, ex baterista de Callejeros, condenado a prisión perpetua por haber rociado con alcohol y prendido fuego a su pareja Wanda Taddei, un caso que por su crueldad conmovió a todo el país.
Promovía que en las cárceles hubiera recitales de rock, en los cuales gustaba disfrazarse de personajes de historieta, como por ejemplo de Hombre Araña y departir despreocupadamente con los presos integrando una murga, tal como hizo en la cárcel de Marcos Paz. En diciembre del 2011 se lo vio tocando alegremente el tamboril junto a Pablo Díaz, condenado a prisión perpetua porque en una de sus salidas transitorias de la cárcel había violado y asesinado a Soledad Bargna.
Este señor que fue director del Servicio Penitenciario Federal entre 2011 y 2013. Muy allegado a La Cámpora, tenía su propia concepción sobre lo que debía ser la cárcel. “La postura doctrinaria de hacer una mejor cárcel es una trampa. Es funcional a la no abolición de la cárcel. Lo que tratamos es que no sea mejor, sino que sea menos cárcel… solo se debe restringir la libertad ambulatoria, no otras, y lo menos posible”. “No soy estrictamente director nacional del SPF sino, además, soy militante. Desde mucho tiempo antes.” Este señor es directamente abolicionista. No hay delitos que justifiquen la cárcel. Nadie hace cosas malas porque quiere, siempre hay un factor externo que lo fuerza a realizar esas cosas… Los presos son víctimas de una sociedad injusta. Es obvio que nadie ocupa por años tan elevado cargo, sin un apoyo consistente de muchos otros funcionarios del gobierno de Cristina K.

DECÁLOGO DEL “VATAYÓN MILITANTE”
El período de Víctor Hortel como Director Nacional del SPN fue de gran esplendor para el Vatayón Militante y los presos más pesados lo recuerdan con nostalgia. Por supuesto, tenían su declaración de principios:
“El Vatayón Militante se escribe con V, porque es la V de la Victoria y la V de la Vuelta. Es también la V de la Verdad, la V del Valor y la V del Voto. Es la V del Vino, la V de la Verga, la V de la Vagina y la V de la Vida.”
“El logo es un Conejo, porque un Conejo vive a los saltos, puede ser agresivo si muestra los dientes, y una belleza de peluche animal si se lo quiere bien. También, los conejos se reproducen a toda velocidad”.
“El Vatayón Militante pretende encarnar lo plural de Patria, lo popular del Peronismo y lo mejor de todos y todas. El Vatayón Militante es Peronista y por añadidura Kirchnerista”. (Se respetó la grafía del original)

CONCLUSIÓN
Uno de los dos modelos expuestos trató seriamente de proteger a la sociedad, alejando de ella a los delincuentes hasta que cumplieran su deuda con la sociedad y la Justicia. Y lo hizo con rigor, pero también con la humanidad necesaria. La nota de C. Pellegrini es una prueba. La cárcel de Ushuaia, habilitada en el año 1902 todavía provoca el asombro de los turistas que van a visitarla por los adelantos que tenía, tanto edilicios como de las comodidades para el preso.
El otro modelo que muy brevemente vimos, ignoró cruelmente el dolor de las víctimas y tomó a risa la gravedad del delito. Las pruebas sobran.

Nota Profesor: Humberto Guglielmin
guglielmin.humberto@live.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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