CREENCIAS POPULARES: LA DIFUNTA CORREA

Nota: Profesor Humberto Guglielmin. –

Hace pocos días nos enteramos de que el Arzobispado y la Universidad Nacional de San Juan iniciaron una tarea de búsqueda de documentación que pudiera acreditar si la difunta Correa existió.
Las referencias a su vida son tan vagas y confusas como lo es el sincretismo religioso que origina su culto. Se puede comprobar que la gran mayoría de los asistentes a la recordación de la Difunta son católicos, pues cuando se conmemoran la Semana Santa, en especial el Viernes Santo, la Pascua de Resurrección y otras festividades de la liturgia católica, la afluencia de gente al santuario que está en el paraje donde se supone que la Difunta Correa falleció, aumenta considerablemente.

LA LEYENDA DE LA DIFUNTA CORREA
Nada de lo que se diga sobre esta mujer puede ser tomado como verdad histórica. Hasta este momento no existe ningún documento que certifique alguna cosa referida a ella, por lo tanto no es un personaje histórico sino legendario, por eso todos los detalles que digamos sobre la Difunta pueden tener otras versiones. Los sanjuaninos la tienen como indiscutiblemente suya, pero no faltan historiadores riojanos que aseguran que era de su provincia. Dado que su veneración se ha transformado en un impresionante fenómeno de multitudes, es importante averiguar si existe por lo menos alguna base histórica sobre la vida de esta mujer, o si todo es una leyenda creada por la fantasía popular.
La búsqueda de datos se orientaría a hurgar en los archivos parroquiales de San Juan (capital), de Caucete o La Bajadita. También podría ser de interés el archivo parroquial de Chamical, en la provincia de La Rioja. En estos archivos se buscaría su partida de bautismo (era el documento personal de la época) y así definir con claridad cuál era su nombre, sus padres y sus padrinos de bautismo. La falta de datos concretos confiables es tal que ni siquiera sabemos con seguridad su nombre verdadero pues, según las versiones existentes podría ser Dalinda, Deolinda, María Antonia, pero también Mercedes.
La leyenda cuenta que hacia el año 1840 (otros hablan de entre 1825 y 1830), una mujer muy joven y hermosa, de solo 18 años, llamada Dalinda o Deolinda Antonia Correa y casada con un tal Clemente Bustos, (según otras fuentes el apellido de marido era Baudillo o Baudilio Bustos) tenía un bebé de pocos meses cuando su marido fue reclutado por la fuerza por las montoneras comandadas por Facundo Quiroga o tal vez las del Chacho Peñaloza. La montonera pensaba llegar a La Rioja con el mayor número de reclutados posible, y por eso incorporaban por la fuerza a cualquier varón apto de los caseríos por los que pasaran en su camino.
Deolinda, desesperada por el alejamiento de su marido o, según otras versiones, escapando del descarado acoso del comisario del lugar, decidió ir a pie tras las huellas de la montonera que se llevaba a su marido; debido a esta urgencia se internó imprudentemente en el desierto sanjuanino, y en pocos días agotó todas sus provisiones, de pan y charqui y dos chifles de cuero de vaca con agua. No se sabe la estación del año en que habría sucedido esto; detalle muy importante porque no es lo mismo el desierto sanjuanino en invierno que en verano, aunque en ambas estaciones es extremadamente duro. Las representaciones que existen de la Difunta dan a entender que su drama sucedió en el ardiente verano del desierto sanjuanino una vez agotada toda el agua que había llevado.
Cuando el cansancio, la sed y el hambre fueron agotándole las fuerzas, habría elegido un gran algarrobo solitario y se recostó a su sombra apretando su bebé de pocos meses junto a su pecho, y murió.
Según otra versión, un jefe militar riojano llamado Rancagua, con fama de bárbaro, que conocía a Deolinda y estaba perdidamente enamorado de ella, decidió cruzar desde La Rioja a San Juan para reclutar por la fuerza a Baudillo y tiempo después hacerse de Deolinda. Su idea era que Baudillo tuviera una muerte rápida en batalla y así tener el campo despejado para acercarse a ella. Pero todo este plan de Rancagua fracasó porque Deolinda decidió seguir a su marido a toda costa e internarse con su bebé en el desierto sanjuanino, donde encontró la muerte.

Después de varios días de fallecida (¿?) pasaron por el lugar unos arrieros y escucharon el llanto desesperado de un niño; se acercaron y vieron que su madre estaba muerta, pero el bebé, sorprendentemente estaba con vida, alimentado por su madre, de cuyo pecho aún manaba leche. Conmovidos por el hecho decidieron dar sepultura en el lugar a la madre y se llevaron al niño.
La noticia de este prodigio se expandió rápidamente por la zona y muchos comenzaron a dirigirse a ese lugar, y para señalarlo construyeron un rústico santuario; ellos fueron los que iniciaron la costumbre de dejar recipientes de agua a quien había muerto de sed. La primera capilla la construyó un arriero de apellido Zeballos que junto a su compañero, Lucero, cuando estaban trasladando sus animales desde San Juan a Chile, una fuerte tormenta ocasionó la dispersión de sus animales. En su desesperación, sin nadie a quien pedir auxilio, decidieron encomendarse a la Difunta para que los ayudara a encontrarlos; con gran sorpresa suya, en poco tiempo pudieron recuperarlos a todos y seguir su camino. En agradecimiento, a su regreso, Zeballos construyo una capillita en el lugar donde habían enterrado a Deolinda. Hoy es común ver a la vera de rutas y caminos muchas capillitas que le son dedicadas, y que tienen botellas con agua.

LA RECORDACIÓN DE LA DIFUNTA
Cualquier domingo es un buen día para ir al Paraje de la Difunta Correa; los locales pueden hacerlo en auto, camión, sulky, a caballo y también a pie. Los que vienen de otras provincias, principalmente de La Rioja, suelen hacerlo en colectivos contratados. Como es una zona semidesértica y elevada, el frío es duro en la estación invernal y en verano el calor no tiene piedad; por eso, todos deben ir prevenidos y equipados con ropa y con agua. La gran mayoría de estas romerías, no están organizadas por lo que cada grupo se conduce como mejor le parece.
Aunque algunos lo han intentado, no puede clasificarse a los concurrentes como de una determinada clase social o nivel económico o cultural; hay de todo. Seguramente la gran mayoría de los que van son solo curiosos, que desean ver un espectáculo popular espontáneo, o que ven en ese paraje una buena elección para un paseo de fin de semana.

LA CABALGATA DE HOMENAJE A LA DIFUNTA
Todos los años, a partir del día 26 de Marzo, la Federación Gaucha Sanjuanina y el gobierno provincial suelen desarrollar una cabalgata en homenaje a la difunta Correa, que debe coincidir con el 1 de Abril, que es el día en que se la recuerda. Esta cabalgata hacia el Paraje Difunta Correa partía desde la capital provincial, pero últimamente, por razones de orden y espacio se hace desde el departamento de Santa Lucía.
La primera etapa es de 29 km, hasta la localidad de Caucete, y la segunda etapa de unos 35 km es hasta el Paraje Difunta Correa. En total son unos 64 km. Esta cabalgata, que comenzó como una iniciativa sin pretensiones, fue cobrando crecientes adhesiones y terminó convirtiéndose en lo más importante y representativo de esta fecha. Participan más de 80 asociaciones gauchas principalmente de San Juan, pero también de Mendoza, Tucumán, Jujuy y también grupos de jinetes venidos desde Chile. Ya van 36 cabalgatas, todas ellas muy numerosas, algunas de ellas sumaron hasta 5.000 jinetes, lo que no deja de ser muy impresionante, y una demostración clara del arraigo popular de esta conmemoración. Para algunos, la espectacularidad de esta cabalgata se ha convertido en tan central, que tendría mayor fuerza de convocatoria que la propia Difunta Correa. A esta fiesta normalmente acuden más de 300.000 personas, y más de 1.000.000 a lo largo de todo el año.

Cerca del santuario de la Difunta existe una capilla y, como la inmensa mayoría de los que concurren a la ermita de la Difunta son católicos, en las celebraciones litúrgicas importantes se celebran misas multitudinarias, a cuyo término la gente se dispersa y cada grupo organiza su día. Lo mismo sucede el día 1 de abril, el día de la Difunta. Luego de la misa la comisión organizadora iniciará los preparativos para agasajar a las agrupaciones gauchas asistentes con un buen almuerzo. Durante la tarde se desarrollan concursos de destreza equina, bailes y cantos folclórico en un escenario con todos los equipos de sonido convenientes, bailes dispersos aquí y allá, asados familiares. Por supuesto, en todos estos festejos, para olvidar la aridez del lugar y tener un buen digestivo, corre generoso el excelente vino sanjuanino, etc. etc.
Los camioneros fueron los principales difusores del culto a la Difunta y así, en las rutas, particularmente de la Patagonia, han construido capillitas rodeadas de botellas con agua que quedan apiladas en los alrededores. En El Vallecito (San Juan) está el santuario más importante, pero allí mismo existen más de veinte capillitas, todas ellas con placas de agradecimiento o peticiones.

OBSERVACIONES
La religiosidad popular es el conjunto de “vagas creencias”, ritos y prácticas de tipo religioso, que surgen espontáneamente del pueblo llano. No es ortodoxa; el solo verla produce comezón a personas con buena formación teológica ya que está compuesta por elementos católicos, leyendas folclóricas o mitológicas, aportes étnicos, supersticiosos o mágicos, etc. Un completo e indefinible combo sincretista. Por supuesto que habría que hacer una tarea de ordenamiento y purificación doctrinaria de estas creencias populares, pero parece ser una tarea imposible. No se logró ni siquiera en Europa. Las respuestas ante lo que está más allá de esta realidad material en que vivimos es absolutamente espontánea, y por lo tanto no controlable.
En esas expresiones de religiosidad no existe rigor histórico ni contenido doctrinario, solo prácticas rituales. La conexión con la divinidad de la gran mayoría de estas formas populares de religiosidad es muy borrosa; esa conexión existe, pero está casi oculta, no es fácil verla. Lo que se ve sin dificultades son las prácticas rituales, algo así como ceremonias no litúrgicas que se comparten con la familia y amigos. Todas esas ceremonias suponen la existencia de una misteriosa y poderosa realidad que está más allá de lo material.

En estas formas de religiosidad no existen jerarquías que dirijan el culto, y se manifiestan con expresiones colectivas como las peregrinaciones, las romerías, comidas, vestidos uniformes o, en nuestro caso, también con cabalgatas.
Esta forma de religiosidad, muy diferente a la de las religiones tradicionales doctrinariamente organizadas, es una expresión confusa, pero muy personal y profunda de fe en lo trascendente; puede merecer descalificaciones doctrinarias, pero de ninguna manera puede hacerse lo mismo con quienes cumplen esos ritos. Se da por supuesto que son gente honesta que actúa de buena fe.
Al culto a la Difunta Correa se le pueden hacer muchas observaciones:
a) Al no haber documentos indiscutibles sobre su existencia, fue la fantasía popular la que aportó esos detalles faltantes. Cualquier afirmación sobre cualquier detalle de la vida de la Difunta tiene el mismo fundamento que el contrario, o sea, ninguno.
b) El algarrobo es un árbol centenario, sin embargo, no existen rastros del elegido por la Difunta para morir. En el predio de El Vallecito, departamento de Caucete, donde se concentra su culto, hace muchos años se ha plantado un algarrobo para que simbolice el algarrobo original. Tampoco hubo excavaciones para dar con sus restos o averiguaciones sobre el destino de su hijo.
c) Las montoneras de Quiroga o Peñaloza cuando retornaban a La Rioja, lo hacían por Córdoba, no les convenía de ninguna manera desviarse por San Juan. El supuesto viaje de Rancagua desde La Rioja a San Juan solo para enrolar por la fuerza al marido de Deolinda y posteriormente hacerse de ella, es solo imaginario, pues la distancia y las dificultades del relieve lo hubieran impedido absolutamente.

Curiosidades: Luego de ganar el mundial de futbol 2021 el “Chiqui Tapia” le llevó el trofeo a la Difunta Correa y subió la escalinata de rodillas. Prometió que en caso de ganar el próximo mundial de fútbol repetirá la acción. José Larralde, en 1968, le dedicó la canción “Pobrecita la Deolinda”. También Jorge Cafrune le hizo un homenaje musical. Importantes grupos de rock argentinos y chilenos hicieron temas en los que aluden a la Difunta Correa. También se le hicieron algunas películas.
Si nos atenemos a la leyenda, en la breve vida de la Difunta Correa no existe nada objetable, al contrario, estamos ante una mujer que ama tan intensamente a su marido como a su bebé y que quiere escapar de personas poderosas paro mal intencionadas. El problema radica en que estamos ante una figura de leyenda. Si bien en teoría existe la posibilidad de encontrar documentación creíble que nos confirme lo poco que creemos saber, las probabilidades de que esto suceda son mínimas.

Nota: Profesor Humberto Guglielmin
guglielmin.humberto@live.com

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