CREENCIAS POPULARES – SAN LA MUERTE

Nota: Profesor Humberto Guglielmin. –

ACLARACIÓN PREVIA
El Paraguay, NE de Argentina y partes limítrofes de Brasil y Uruguay, existe un culto a una divinidad local llamada “San la Muerte”, que es diferente a otra divinidad popular llamada “La Santa Muerte”, muy extendido especialmente en Méjico y algunos países de centro américa. Si bien muchos afirman que no habría relación de origen entre ellos, sin embargo, los parecidos son muchos.

EL CURIOSO NOMBRE DE SAN LA MUERTE
La palabra “muerte” es un sustantivo femenino abstracto; no es algo concreto, y menos una persona. Llama por lo tanto la atención que en estos cultos se hable del fin de la vida – la muerte- como si fuera una persona. A nadie se le ocurriría transformar “el cansancio”, “el dolor” o “la esperanza” en una persona. Son también sustantivos abstractos, que no se pueden percibir con los sentidos, no se los puede tocar ni ver como si fueran una cosa concreta; es por eso que no se los debiera representar como si fueran una persona… pero las cosas son como son.
El nombre “San La Muerte” es gramaticalmente escandaloso. La palabra “San” es un adjetivo apocopado de “santo”, y es masculino; por lo que el sustantivo que lo complementa debería ser también masculino; lo correcto debería ser “Santa Muerte”, tanto el adjetivo como el sustantivo, femeninos. Se ve horrible decir “San” (masculino), “la Muerte” (femenino).

EL ANTECEDENTE MEJICANO
La Santa Muerte es una deidad femenina, figura central de un movimiento religioso neopagano que, a pesar de la oposición clara de la iglesia católica y de otras denominaciones protestantes, avanza sobre los estratos menos favorecidos económica y culturalmente, de Méjico y Centroamérica.
Esta deidad es la personificación de la muerte y del feliz tránsito hacia el más allá, sin embargo, funciona también como una diosa con poderes curativos, y que protege en las tareas difíciles sean las que fueren. Se la llama de diversas maneras: La Niña Blanca, La Santísima Muerte o La Flaquita. Se la representa como una figura esquelética, vestida con una larga túnica, con una guadaña, un globo terráqueo en la mano, un búho, una balanza u otros objetos. No existe una representación única de su figura.
El origen del culto a La Santa Muerte es tema de debates. Algunos opinan que tiene raíces prehispánicas y citan como pruebas la veneración indígena de: a) Ah-Puch, dios Maya, rey del inframundo, representado como figura esquelética con rostro de animal. b) Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, (sic) dioses aztecas de la muerte y de la región de la oscuridad. c) La celebración prehispánica del Día de los Muertos que, curiosamente, coincide con la conmemoración cristiana del día de Todos los Santos y el día de los Fieles Difuntos, los días 1 y 2 de noviembre. Se creía que la “La Santa Muerte” protegía a los humildes, castigaba a los traidores y si se le pedía con fervor que tomara venganza contra algún enemigo, podía hacerlo sin problemas de muchas maneras, incluyendo la muerte.
El origen probable de esta deidad popular puede estar en la fusión de la práctica cristiana de pedir a Dios tener una muerte santa para evitar los padecimientos del infierno, con el poder de las deidades mexicas (arriba citadas) que reinaban en el tormentoso inframundo.
Entre los Aztecas la muerte era omnipresente; los sacrificios humanos y la antropofagia eran formas centrales del culto a los dioses, en especial a Huitzilopochli, dios del sol, dios de la guerra y protector de la ciudad de Tenochtitlán. Su nombre significa “colibrí zurdo o colibrí del sur”. Fue el símbolo supremo que guio tanto la expansión como el apogeo del poder azteca. Creían que la ofrenda a los dioses de mucha sangre humana, evitaba la destrucción del mundo y aseguraba la continuidad de la especie humana.
Según los documentos escritos en el período de la conquista española, la cifra de personas sacrificadas anualmente a los dioses mexicas era simplemente espeluznante, pero esas cifras no están confirmadas por la investigación arqueológica; de cualquier manera, sí está probado que durante un prolongado período de tiempo eran sacrificados a los dioses varios miles de hombres cada año y el hecho de que los cuerpos de los sacrificados fueran entregados como alimento para la gente, habla de la naturalidad y hasta de la frivolidad con la que los aztecas convivían con la muerte.

EL DÍA DE LOS MUERTOS EN MÉJICO
El día 1 de noviembre de cada año está dedicado a los niños fallecidos, “los angelitos”, y el día 2 está dedicado a los adultos. Se trata de conmemoraciones alegres que movilizan a millones de personas que, en forma ostensiblemente serena y alegre, celebran la diferente continuidad de la vida entre el más acá y el más allá de la muerte. Para estas fiestas todos los cementerios están iluminados día y noche por las velas encendidas por la nutridísima concurrencia. El Distrito Federal habilita el Paseo de la Reforma para que desfilen carros alegóricos inspirados en la muerte con figuras esqueléticas, marionetas gigantes, grupos de bailarines, etc. que son aplaudidas con entusiasmo por los residentes habituales y por los más de 2.000.000 de turistas que llegan para la fecha; la muerte se transforma en fiesta en todo el país. En el resto de los estados mejicanos esta celebración tiene también festejos muy concurridos.
Durante esos días, tanto en las casas y las plazas como especialmente en los cementerios, se levantan altares decorados con flores, velas, fotografías de los fallecidos, calaveras de azúcar, etc. En esos días las almas de los que se han ido vuelven a encontrarse con los familiares que han quedado en este mundo y comparten recuerdos, amores, tristezas, y también los platos y bebidas preferidas, que son dejadas en sus tumbas. Estas celebraciones marcan para Méjico su conexión inmemorial entre la vida y la muerte.

LA NIÑA BLANCA
Es uno de los nombres que habitualmente se le dan a esta deidad femenina llamada “La Santa Muerte”. Ese nombre inicialmente fue una clave solo conocida por grupos cerrados de traficantes de cocaína, pero, luego se popularizó tanto que ahora ambos nombres se usan indistintamente. También los Beatles y otras bandas, en sus canciones llamaron de diversas maneras a las drogas.
Los seguidores de La Niña Blanca -La Santa Muerte- esperan su ayuda para llevar a cabo exitosamente operaciones de tráfico de drogas o de otras actividades al margen de la ley. Los traficantes y sicarios esperan que la Niña Blanca sea su escudo en los frecuentes enfrentamientos a tiros entre bandas rivales o con la policía o el ejército.
Un dato central es el de que La Niña Blanca es amoral, no tiene principios rectores inviolables; no le interesa si lo que le piden es moralmente bueno o es una maldad. Es una forma curiosa de ser un juez ecuánime: algunas veces ayudar a personas honestas y otras veces a los sinvergüenzas, siempre que la invoquen con fe. Sus seguidores creen que la protección que brinda La Santa Muerte –La Niña Blanca- tiene relación con el valor afectivo de las ofrendas que reciba: velas, habanos, tequila, dinero, etc.
Otra característica de esta deidad es su preocupación por la inclusividad: es bondadosa con la comunidad LGTB, con las prostitutas, los marginados, los pistoleros de suburbio, etc. Las formas de culto varían mucho entre los diversos estados mejicanos y del nivel social y cultural de sus devotos. Según algunas investigaciones, los devotos de La Santa Muerte -La Niña Blanca- en Méjico superan los 5.000.000 y en toda América llega a los 12.000.000.

SAN LA MUERTE
El culto a San La Muerte si bien se originó en el NE argentino, o tal vez en Paraguay, en las últimas dos décadas se ha propagado al resto de Argentina. El origen de este culto tendría una supuesta relación con la presencia de los jesuitas y franciscanos en la zona de las Misiones. Un monje de una de esas dos órdenes religiosas había dedicado su labor apostólica a atender a los enfermos de lepra y de otras enfermedades, a los que curaba con yuyos, infusiones y oraciones; esa abnegada tarea le habría merecido una enorme popularidad entre los guaraníes, pero los demás monjes, presas de la envidia más extrema, lo acusaron de brujería y lo encarcelaron sin darle nada de comida. Pasado un tiempo, algunos de ellos decidieron volver a darle de comer, pero lo encontraron convertido en un esqueleto que, al entrar ellos con la comida, levantó la mano y silenciosamente señaló a los culpables de su encierro, que en pocos días murieron de misteriosas enfermedades. Otra versión dice que como lo habían encarcelado por ayudar a los necesitados, este monje se declaró en huelga de hambre manteniéndose siempre de pie, y no comió nada hasta quedar convertido en el esqueleto que aparece en las imágenes, con la cabeza cubierta con una capucha.

INTERPRETACIONES
Los propósitos de esta leyenda podrían ser: a) presentar a este esquelético monje como víctima inocente de la iglesia católica que, a través de su envidioso clero, lo martiriza privándolo de alimento en la cárcel. b) También se buscaría equipararlo con los santos porque murió por defender las enseñanzas de Cristo sobre ayudar a los necesitados.
Al igual que en los casos del Gauchito Gil y la Difunta Correa, no existe el menor vestigio de historicidad en esta leyenda; algunos sugieren que surgió de la hibridación de las enseñanzas cristianas impartidas por los franciscanos y jesuitas en las misiones, que con el tiempo se mezclaron con leyendas y con prácticas de origen guaraní como la de venerar los huesos de sus antepasados. Otros sugieren que podría tener origen en los esclavos venidos de África para trabajar en las plantaciones de azúcar.
Si bien existe un innegable parecido entre La Santa Muerte mejicana y San La Muerte, existen al menos dos diferencias: a) esta divinidad en un caso es mujer y el otro es varón. b) según algunos investigadores, en Méjico se venera a la muerte como muerte, en cambio aquí se venera a ese oscuro y virtuoso monje que curaba y ayudaba a los necesitados. A pesar de esta aclaración, la gran mayoría de sus seguidores no lo relacionan de ninguna manera con ese monje, y creen que el hábito con que se lo representa, es una forma histórica de representar a la muerte, tal como sucede en la iconografía de la muerte en muchas partes del mundo.

CONCLUSIÓN
La adoración a San La Muerte es una clara forma de idolatría pues solo se adora a Dios. Quienes lo invocan lo consideran con poderes propios, no con poderes venidos de Dios por su intercesión. Le piden protección contra todo mal en especial de la muerte violenta. En algunos de sus santuarios se lo venera bailándole en pareja algunos chamamés. La celebración central se hace en sus santuarios entre el 15 y el 20 de agosto y no en noviembre, que es la fecha cristiana de recordación de los fieles difuntos. No existe una representación uniforme de San La Muerte, existen también variaciones.
Muchos especialistas aseguran que a algunas personas este culto puede acarrearles serios disturbios mentales debido a los acuerdos, compromisos y negociaciones que se hacen con esa entidad oscura. Puede también facilitar el deslizamiento hacia la magia negra y otras prácticas; se sabe perfectamente que muchas de las peticiones que se le hacen son directamente inmorales, y es inimaginable suponer que Dios pudiera aceptar la desobediencia a sus Diez Mandamientos.
Los pedidos más comunes que le hacen a San La Muerte son: tener dinero (sin aclarar la forma de obtenerlo), suerte con las mujeres, protección contra los enemigos, los jueces, los abogados y los policías, reversión de los trabajos de magia negra que le hubieran hecho, ganar en el casino o la lotería, que la pareja que lo dejó vuelva arrepentida, inmunidad al mal de ojo, etc. También se le hacen pedidos peores como: que fulano de tal tenga una enfermedad o accidente mortal, que se divorcie, que vaya a la quiebra, que sus hijos… Si San La Muerte no cumpliera con lo pedido, se puede recurrir a enterrar su estatua en el patio, o colgarlo cabeza abajo frente a la puerta de entrada de la casa hasta que cumpla, etc., etc.
San la Muerte es muy popular en el submundo de la violencia y la droga pesada, tanto que muchos delincuentes, dentro y fuera de la cárcel, llevan tatuada en su cuerpo su imagen, llevan collares con sus estatuillas en hueso humano o en plomo de bala; algunos, incluso, llevan incrustada en su cuerpo una miniatura de su imagen. Irónicamente, existe una oración en la que se lee: “…líbranos, Señor de la Buena Muerte, de toda maldad y ampáranos contra toda herejía…”
La relación con San La Muerte es de reciprocidad, de igual a igual, si él cumple hay que devolverle lo prometido: velas de colores, Whisky, dinero, porros, vino, camisetas de fútbol, vestidos de novia etc. Si no se le paga el favor, San La Muerte puede ser muy vengativo.

SAN LA MUERTE EN SANTIAGO DEL ESTERO
En Santiago del Estero capital, en la zona de La Bajada, ciudad de La Banda, en un predio llamado “Campito de la Sanación”, donde también están imágenes de Mama Antula, la Difunta Correa, San Expedito, y un santuario del Gauchito Gil, frente al cual acaban de construirle una tenebrosa estatua que, contando la base, tiene 14 m de altura; en las noches resulta particularmente terrorífica, porque la guadaña, el pecho esquelético y los ojos rojos, que destellan en la oscuridad, erizan la piel a cualquiera, en especial a los niños.
El impulsor y financista de esta obra es Daniel Oscar Quinteros, que la construyó para agradecerle la recuperación de un sobrino gravemente enfermo. Afirmó ser católico, pero también creer en los santos paganos como el Gauchito Gil y San La Muerte. Este señor está señalado por la Justicia santiagueña como uno de los tantos usurpadores de tierras que hay en esa provincia que, con armas y acompañados de una banda de cómplices (que también tienen en la política, la Justicia y la policía) desalojan a pobladores inocentes que ocupan esas tierras desde tiempos inmemoriales, pero que no tienen las escrituras probatorias, ya que nunca las creyeron necesarias porque eran “hijos de la tierra”.
Con la estatua de San La Muerte con detalles aún faltantes, el 16 de junio de este año, a los 58 años Daniel Quinteros, fue llamado a su lado por San La Muerte. Respecto a esta gigantesca estatua sorprenden varias cosas: que su entorno sea el de viviendas de familias acomodadas; que una estatua que produce terror a los chicos haya obtenido todos los permisos oficiales para ser construida en una zona expuesta, y con dudosa titularidad del predio; que semejante gasto se haga en la provincia más pobre y llena de problemas de todo tipo; que no se haya investigado el origen de los cuantiosos fondos necesarios para hacer semejante obra.

CONCLUSIÓN FINAL
Existen formas de expresión de la religiosidad que son teológicamente confusas o equivocadas, pero que se expresan a través de ritos o acciones honestas y sinceras; no es el caso de San La Muerte. Veamos:
A) La leyenda que es la base del culto a San La Muerte no tiene base histórica alguna, es fábula.
B) Este culto admite prácticas y ritos inmorales: no son admisibles los pedidos inmorales que se le hacen o el tipo de favores que le atribuyen; es solo idolatría.
C) Este culto suele asociarse con la brujería, la magia negra y otras prácticas oscuras, que terminan debilitando nuestra autonomía personal, y entregando a otros el comando de nuestra nave.

Nota: Profesor Humberto Guglielmin
guglielmin.humberto@live.com

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