Nota: Profesor Humberto Guglielmin. –
Entendemos por superstición la creencia irracional de que los sucesos y hechos de nuestra vida y entorno son decididos por fuerzas desconocidas que tratamos de tener bajo control, sin prueba alguna, recurriendo a actos, gestos o ritos. Son intentos de controlar el porvenir inmediato por medios inadecuados.
La sensación de no poder controlar las cosas según su deseo atormentó al hombre desde los comienzos de su historia y, a los tropezones, buscó como hacerlo; algunos intentaron hacerlo por un camino que, a su tiempo, desembocaría en lo que llamamos ciencias, por ej.: la química, en la que existe una relación causa-efecto; la otra vía es la más cómoda y fácil: la de atribuir poderes mágicos a algunas cosas o ritos para poder modificar el curso natural de las cosas, por ej.: la astrología, donde esa relación no existe y todo es nebuloso.
Si bien todos los pueblos fueron supersticiosos, los romanos nos dejaron claras pruebas de ello. El futuro siempre los inquietó y buscaron controlarlo a través de lo que llamaron presagios o indicios de que las cosas serían de una determinada forma, favorable o desfavorable. La seriedad científica que fundamentaba el veredicto de los presagios romanos era tan sólida como la de nuestras actuales supersticiones. Los sinónimos más comunes de los presagios son: vaticinio, predicción, presentimiento, sensación, indicio o visión. El presagio se basa en la creencia de que ciertas actividades o conductas tienen efectos predecibles, positivos (buena suerte) o negativos (mala suerte, el destino).
Las principales creencias y prácticas supersticiosas que presumen de
tener bases científicas sólidas son: la astrología; la lectura de cartas, de las líneas de la mano, de la borra del café; la geomancia o “lectura de la voluntad del cosmos” manifestada por medio de oscuras referencias de la tierra o del agua, la alquimia etc. Las formas que no presumen de científicas son: la portación de amuletos o de cosas que supuestamente protegen de las fuerzas del mal; la recitación de conjuros; las visitas a los cementerios para pedir ayuda a los espíritus que allí moran, etc. La lista de las formas en que se manifiesta la superstición es interminable y variadísima.
ORIGEN DE LAS SUPERSTICIONES
Resulta absolutamente sorprendente que en tiempos como el actual,
donde las ciencias han logrado increíbles avances en todos los campos,
subsistan en forma generalizada muchísimas prácticas y creencias
anticientíficas. Esta paradoja, nada fácil de explicar, es una tarea que
deberían desentrañar la sicología, la sociología, la filosofía, la religión, etc.
Otra cosa que sorprende es que estas prácticas o creencias supersticiosas no respetan nivel cultural, social o científico. Los supersticiosos están en absolutamente todos los ámbitos. Las personas más instruidas tratan de ocultar que son supersticiosos diciendo que solo tienen “cábalas”; pero resulta que la cábala es un amuleto, ritual o conducta que permitiría tener buena suerte… o sea es lo mismo que superstición, pero más elegante.
FUNDAMENTOS DE LAS SUPERSTICIONES
Las supersticiones son formas no científicas de afrontar situaciones de
riesgo, que ayudan a mitigar la incertidumbre sobre lo por venir. Ofrecen, sin fundamento real, la sensación de que, recurriendo a una determinada
conducta, se tiene cierto control sobre el futuro inminente. Son una forma de pensamiento mágico.
Se diferencia de las ciencias en que estas se basan en una relación causa-efecto comprobable y, por lo tanto, de una misma causa siempre
resultará el mismo efecto; esto permite que el proceso pueda reiterarse
siempre que uno quiera, sin modificación alguna en el resultado. Esto no se cumple con la superstición.
La superstición tiene como base la inseguridad del hombre, y la necesidad, la urgencia por salir de ella recurriendo, por ejemplo, a alguna
circunstancia que en alguna ocasión acompañó una situación favorable o
desfavorable, por ej.: “voy a tomar una cerveza con mis amigos en tal bar para que mi equipo gane” … no existe ninguna relación causa-efecto. ¿Por qué piensa así? Según la sicología, seguramente lo hace debido a un complicado proceso mental de selección según el cual solo se recuerda que una vez que su equipo ganó, estaba con los amigos tomando cerveza en tal lugar, pero… ¡olvida las veces en que estaba allí mismo con sus amigos tomando cerveza, y su equipo perdió! Se trata de un recuerdo selectivo, que se lo transforma en determinante de un resultado esperado o temido.
Para muchos individuos algunas prácticas se convierten en un verdadero mecanismo de defensa que les produce una momentánea y breve estabilización de su psiquis. Esta es común cuando se deben enfrentar riesgos inminentes. Algunas de esas prácticas refuerzan la confianza y por eso se las llama supersticiones positivas: cruzar los dedos, tocar madera, llamar a la madre o persignarse. Las supersticiones negativas como la rotura de un espejo, cruzarse con un gato negro, pasar debajo de una escalera en la calle, barrer de noche, etc. no favorecen la serenidad, producen miedo, ansiedad.
SUPERSTICIONES SOBRE LA MALA SUERTE
Una tarde avanzada yo estaba barriendo la vereda, y de pronto veo
que a alguna distancia una señora agita los brazos como para decirme algo, me detengo y, toda nerviosa, me dice: “señor, ¡no se puede barrer la vereda de noche!”. Le pregunté por qué no debía hacerlo, y la respuesta fue: “porque es la hora en que las brujas salen a hacer maldades…”
EL MARTES 13: la del 13 tendría su origen en la última cena de Jesús, en la que anuncia que uno de los 12 lo traicionará… esto evolucionó en la creencia de que si se reúnen 13 personas, alguna de
ellas morirá en el término de un año. Lo del martes viene del dios romano Marte, dios de la guerra y los conflictos. Los españoles recomendaron que: “el trece y el martes, no te cases ni te embarques”. Como cosa curiosa, en varias cadenas hoteleras muy importantes, no existe el piso trece sino el piso 12bis.
EL GATO NEGRO: si un gato negro, (el negro era símbolo de la noche y el mal), se cruza corriendo en tu camino, muy posiblemente vas a tener un golpe de mala suerte, en cambio si se acerca tranquilo y maullando, te dará buena suerte y sabiduría.
VOLCAR SAL: la sal siempre fue un símbolo de lo que no se descompone, de lo que dura; si se volcara un salero o un paquete de
sal, lo que hay que hacer es tomar con los dedos una parte de la sal
caída, o tirarla hacia atrás sobre el hombro izquierdo; de no hacerlo,
habrá engaños o decepciones graves dentro de la familia.
PASAR DEBAJO DE UNA ESCALERA: esta superstición es muy conocida, pero no se sabe cuál es su origen, tal vez algún accidente. Para muchas solteras significa que no se van a casar, de ahí el dicho “paso, pero me caso”.
LEVANTARSE CON EL PIE IZQUIERDO: una de las maneras en que los sacerdotes romanos hacían sus presagios era mirando a los
pájaros: si venían desde la izquierda era señal de mala suerte, si lo
hacían desde la derecha era buena señal. De alguna manera esta
simplificación fue aceptada y es por eso que para muchos lo bueno
está a la derecha y lo malo a la izquierda. En latín, el femenino del
adjetivo sinister es sinistra (izquierda) que es el origen de la palabra
siniestra. Solemos referirnos a esta superstición el día en que todo nos
sale mal.
EL ESPEJO ROTO: es una tragedia romperlo porque se cree que trae siete años seguidos de mala suerte.
ABRIR EL PARAGUAS BAJO UN TECHO: trae desgracias a la familia. Se supone que se originó en la antigüedad, cuando las habitaciones eran pequeñas y los paraguas grandes: abrirlos equivalía
a romper algo.
SUPERSTICIONES DE BUENA SUERTE
*SOPLAR TODAS LA VELAS EN EL CUMPLEAÑOS: Esta superstición
medieval alemana se ha extendido a todo el mundo y mantiene completa
actualidad: se ponían tantas velas como años; se aplaudía y cantaba mientras el cumpleañero soplaba las velas, que debían ser apagadas de un solo soplido. En la Edad Media solía añadirse una vela más, que auguraba que si también se conseguía apagarla, tendría un próximo año lleno de cosas positivas.
*CRUZAR LOS DEDOS: Se suele cruzarlos para protegernos de la mala
suerte, para que un deseo se cumpla, para que no nos vaya mal cuando no cumplimos una promesa, etc. Su origen es tan antiguo como desconocido.
*LA HERRADURA Y LA BUENA SUERTE: Si bien es antiquísima y
universal, en el mundo occidental esta superstición adquirió su forma actual durante la Edad Media. En ese tiempo, todos los campesinos tenían caballos para trasladarse y para sus tareas agrícolas. Por supuesto, todos los caballos tenían sus herraduras para no lastimarse con las piedras filosas de los caminos. Se cuenta que un santo monje inglés, fastidiado por las maldades que hacía el diablo en su comarca, un día lo sorprendió distraído, lo ató a un árbol para que no escape, y le colocó herraduras cuyo sonido advertiría a la gente que él se estaba
acercando. Las herraduras incomodaban enormemente al demonio porque le dolían, no estaba acostumbrado a usarlas y, sobretodo, le impedían hacerles a los campesinos todas las maldades que antes podía hacerles. Sumamente amargado, dejando de lado su arrogancia, le suplicó al monje que por favor se las sacara; llegó incluso a prometerle que, si lo hacía, jamás se acercaría a alguien que tuviera herraduras en su casa… Lo que el buen monje quería era proteger a los campesinos y, después de pensarlo mucho, consideró que ese era un buen arreglo para las dos partes, y aceptó; le sacó las herraduras al diablo quien, feliz y saltando de alivio, desapareció tras las verdes colinas inglesas. Según la leyenda esta es la verdadera razón por la que los que no tienen caballo quieren tener herraduras en alguna pared de la casa. Es una forma sencilla de tener alejado al diablo. Y colorín colorado…
El número de supersticiones que existen en el mundo es altísimo, algunas son más difundidas que otras. En Argentina, algunas son hasta
simpáticas como la del lobizón, leyenda rusa incorporada a nuestro folclore, hoy desactualizada porque nadie, excepto los héroes que responsablemente lo deciden, o los irresponsables que no piensan sus consecuencias, se anima a tener siete hijos. Otras supersticiones son intrascendentes, como la de los ñoquis del 29; pero las hay increíblemente estúpidas, como cambiar de vereda si por la que uno va, viene un pelirrojo; si esto no se puede hacer, la superstición recomienda como antídoto tocar madera o, en su defecto, tocarse el testículo izquierdo.
LA RELIGION Y LA SUPERSTICIÓN
Toda religión tiene rituales, ceremonias, invocaciones, etc. orientadas
a la comunicación con un ser que no es material, Dios. Los no creyentes
pueden tomar algunas de estas ceremonias como una forma de superstición, pero esas ceremonias no tienen como destino fuerzas etéreas e indefinibles, sino que están dirigidas a un Dios, al que creó todo lo existente.
El cristianismo rechaza las supersticiones por ser creencias extrañas a
la razón y a la Fe religiosa. Las supersticiones apelan a fuerzas impersonales, imprecisas y arbitrarias, que no resisten la censura de la razón. Para el cristianismo la superstición es una forma inconsciente de idolatría, ya que al único ser que hay que invocar es al Creador de todas las cosas, porque solo Él es quien las gobierna. Los ídolos son dioses falsos.
La superstición es un tipo de creencia irracional que atribuye poderes
mágicos a cosas, actitudes, acciones u omisiones del hombre, con el fin de modificar el curso natural de los acontecimientos en beneficio propio. Es una forma menor de la magia. Supone la existencia de fuerzas inmateriales difusas y etéreas que actúan o no según lo que haga o diga el hombre. La magia pone en juego vagas fuerzas naturales, la religión apela a la voluntad de Dios a través de la súplica, y espera ser atendida.
La religión es un sistema de creencias, valores y conductas que permiten la unión entre la creatura y el Creador. Toda religión tiene símbolos, objetos sagrados (dignos de veneración por su referencia a lo divino) y escritos, que fundamentan sus creencias. La religión se basa en la
creencia en un Dios todopoderoso y personal, que tiene los atributos
positivos de un ser humano pero llevados a una perfección infinita.
EL FOLCLORE RELIGIOSO Y LA SUPERSTICIÓN
Se trata de expresiones espontáneas de religiosidad popular que algunas personas interpretan como supersticiones; se manifiesta en ritos, creencias y costumbres que pueden tener alguna o mucha diferencia con la religiosidad oficial, pero que son genuinas y personales formas de reverencia a la divinidad. No tienen la sobriedad fría de las ceremonias litúrgicas oficiales; son manifestaciones mucho más cálidas, hechas en forma personal o grupal, que desbordan de una creatividad y emotividad que no tienen quienes los miran desde afuera, y es por esta razón que se precipitan al calificarlos.
La idea, por supuesto, es ir erradicando estas formas de religiosidad,
porque son expresiones públicas de un subjetivismo religioso que puede
fácilmente llevar a desviaciones mayores. La experiencia muestra que esta tarea catequética, por más que se quiera, es demasiado difícil. No se logró en la instruida Europa. En general se piensa que a estas prácticas, sin aprobarlas, se las tolere siempre que no haya oposición doctrinaria frontal con la doctrina de la iglesia. Además, sería imposible eliminarlas porque son parte de la memoria cultural de la familia a la que uno pertenece o de la cultura de su pueblo.
La religiosidad popular necesita una autoridad que la mantenga dentro
de un perímetro doctrinario para, evitar desviaciones graves. También es
cierto que una autoridad religiosa que no tolerara las expresiones populares de religiosidad, además de fracasar, terminaría convirtiéndola en una teología o filosofía estéril y fría. Si bien hay que disuadirlos fraternalmente de hacerlo, ni siquiera conviene impedir expresiones tan extremas como por ej. hacer tramos de camino avanzando de rodillas y otras torturas; las fuertes motivaciones internas que tienen quienes lo hacen no son conocidas por quienes los juzgan desde afuera. Solo Dios es su testigo, y lo adecuado es un respetuoso respeto.
Aunque en muchos casos los límites se acercan, la religiosidad popular
no es equivalente a superstición. La religiosidad popular es una expresión
auténtica de fe vestida con los rasgos de la personalidad individual, de
cultura y de la identidad de un pueblo, por ejemplo, el misachico. En la
superstición Dios no interviene, se atribuyen poderes mágicos a objetos,
gestos, cosas o palabras sin relación alguna con Dios.
En muy llamativo que en una época en que gran parte de la población
dice que rechaza la existencia de Dios porque “la ciencia no lo puede probar en laboratorio”, irónicamente sea también la época en que más difusión tienen las supersticiones, no solo en ambientes populares sino también en el académico y, por supuesto, en el político. (El presidente Milei se mantuvo en Olivos, no organizó nada y no asistió a la final contra España porque con esa “cábala”, Argentina ganaba).
CONCLUSIÓN
Las personas más inseguras son las más propensas a las supersticiones,
y es necesario estar alerta porque podrían producir miedos y estrés (por ej.:la duda sobre si no se hicieron los rituales o tal vez no se los hizo bien), o bien en ocasiones podrían derivar en conductas parecidas a los trastornosb obsesivo-compulsivos. Otro peligro muy grave es el que puede darse entre las supersticiones y las decisiones financieras arriesgadas o con las apuestas irresponsables en los juegos de los Casinos. Existen casos en que por elegir vías alternativas no científicas se pone en riesgo la salud y hasta la vida; ese fue el caso de Steven Jobs, el fundador de Apple, que prefirió tratar su cáncer con procedimientos pseudocientíficos, y cuando quiso volver a la medicina ortodoxa, ya fue tarde.
Suele decirse que cuanto más segura de sí misma es una persona,
menos supersticiosa será… la objeción a esta afirmación es el hecho de que no siempre nuestra conducta se rige por la razón; muchas veces, incluso los muy seguros, actúan sin pensar realmente lo que van a hacer e incurren en supersticiones. Sin embargo, no necesariamente cualquier superstición es algo malo, pues se las puede practicar sin darles la menor importancia, sin que influyan en lo más mínimo en la persona. Hay que tener en cuenta que en algunas personas las supersticiones intrascendentes actúan como sedante a la ansiedad, dándoles la ilusión de tener el control sobre lo porvenir; en estos casos, si no existen otras consecuencias, serían hasta útiles.
Lo ideal sería que en nuestro barco las directivas no vengan desde afuera, sino que sea su capitán el que las da.
Nota: Profesor Humberto Guglielmin
guglielmin.humberto@live.com