Nota: Profesor Humberto Guglielmin. –
En una nota anterior vimos que la materia es todo aquello que tiene masa, que ocupa un lugar dentro de un espacio y que puede ser dimensionado, medido. La materia de por sí no es algo que tenga vida. Existe la materia inerte, que es la que compone la mayor parte de las cosas que nos rodean, que no tiene funciones biológicas ni metabolismo; es el caso de una roca o de una silla. También existe la materia viva, que es la que forma parte de los seres vivientes mientras estos se mantienen con vida; esta materia no difiere de los cuerpos físicos y elementos químicos que existen en el resto del universo, pero tienen una misteriosa organización que permite que esos elementos químicos conformen un ser viviente. Sabemos identificar cada componente del ser viviente, y diferenciarlo del que no lo es; pero no sabemos exactamente qué es lo que hace que esos componentes físico-químicos terminen dando origen a un ser viviente. Nos resulta más sencillo describir qué es la muerte, que hacer lo mismo con la vida.
¿QUÉ ES LA VIDA?
Para Aristóteles, la vida es la capacidad de moverse, crecer, nutrirse, y multiplicarse por sus propios medios, gracias a una misteriosa capacidad vivificante llamada alma. En ese
cuerpo habrá vida mientras esa fuerza vivificante esté actuando en él; caso contrario, sobrevendrá la muerte, que es el comienzo del proceso de desorganización de la materia que anteriormente había estado viva.
Santo Tomás de Aquino definió la vida en tres palabras: “Motio sui lpsius”, el movimiento por sus propios medios, el auto-movimiento. También señala los diferentes grados o niveles de vida: los minerales al no tener movimiento no tienen vida, las plantas tienen movimientos al nutrirse y crecer; los animales, a estas posibilidades añaden la capacidad de trasladarse y algún nivel de inteligencia y, la más elevada forma de vida es la humana, que disfruta de las dos anteriores y además tiene ilimitada inteligencia, capacidad de auto-determinarse, de ejercer la libertad, y de saber distinguir el bien del mal.
La Ciencia no puede dar una definición única; la biología dará una definición de lo que es la vida muy diferente a la que podrá dar la física o la química. Ambas, sin embargo, no tendrán más alternativa que definirla describiendo su composición, organización y funcionamiento; sin embargo, estos aportes no alcanzan a definir qué es la vida. ¿Qué es lo que hace que todos esos elementos químicos se organicen, “se animen” y tengan manifestaciones tan diversas como las plantas, los animales y el hombre?
No existe una definición de la vida que sea indiscutida. Hay consenso en que la vida es un complejo sistema físico-químico que solo consume de su entorno la energía suficiente para mantener su organización interna y evitar la dispersión del equilibrio físico-químico. La NASA, por su parte, da esta definición de vida: “un sistema químico auto sostenible capaz de sufrir evolución darwiniana” (¿?).
LA VIDA SURGE DE LA MATERIA
Está muy difundida la teoría según la cual la vida surgió espontáneamente, como consecuencia de una organización increíblemente compleja y desconocida de la materia inanimada. La vida sería el resultado de una sopa química que, 3.700 millones de años atrás se habría producido en las aguas oceánicas por la interacción de los gases de esa atmósfera primitiva, la energía de los rayos solares y las descargas eléctricas, etc. que durante un tiempo prolongadísimo habrían dado origen a una serie infinita de reacciones y combinaciones azarosas dentro de esa sopa, una de las cuales habría dado origen a los primeros bloques de la vida, los aminoácidos y los azúcares. (Hipótesis Oparin-Haldane).
La I.A. afirma que: “No se puede probar en forma definitiva y completa en un laboratorio, que la vida surgió exclusivamente de la reorganización de la materia, pero la ciencia cuenta con fuertes indicios experimentales que respaldan la hipótesis de la Abiogénesis (proceso según el cual la vida surgió de la materia inorgánica).”
Mientras algunos alegan que la vida en la tierra provino del espacio exterior transportada por cometas o meteoritos… la mayoría cree que surgió en la Tierra e invocan como causas del inicio de la vida al “azar creador que está en la materia”, los procesos de descomposición o los cambios químicos que se producen en ambientes impensados. Suele darse como posible prueba de esto último, la proliferación de bacterias y organismos extremófilos que se dan en proximidad de algunas fuentes termales de las profundidades oceánicas. Las teorías sobre el origen de la vida a partir de la capacidad de la sola materia son muchísimas, y los ensayos de laboratorio para demostrar esta posibilidad son tan numerosos como sus fracasos.
Para los materialistas es fundamental demostrar que la vida, en cualquiera de sus formas, no es más que una forma de organización de la materia que se produjo sin intervención de nadie, solo del azar. Lo importante es negar la necesidad de la existencia de Dios. Stephen Hawking cerca del final de sus días escribió: “Dado que existe una ley como la de la gravedad, el universo pudo, y se creó de la nada. La “creación espontánea” es la razón de que haya algo en lugar de nada; es la razón por la que existe el universo, “de que existamos”… No es necesario invocar a Dios como el que encendió la mecha y creó el universo.” Stephen Hawking. El Gran Diseño.
Esta respuesta de tan reconocido científico fue completamente inesperada, ya que poco tiempo antes había defendido que tanto el espacio como el tiempo tuvieron su origen en el Big Bang… y si algo tuvo comienzo, antes de ese comienzo obviamente no existía nada, y por lo tanto, si apareció, debió haber tenido una causa, algo que le dio origen. Es más racional este razonamiento, que decir que todas las maravillas de la creación aparecieran sin causa, por azar, por casualidad. La decisión de negar la necesidad de la causa, o de un causante de lo existente, llevó a Hawking a defender que ¡apareció sin causa!… Aristóteles lo habría mandado a Marzo.
Los científicos materialistas no admiten la existencia de ningún creador porque simplemente no existe Dios ni nada que se le parezca. Afirman que la materia existió siempre, y que fue la suma de combinaciones casuales de sus componentes, lo que dio origen a todo; todo surgió espontáneamente, sin ninguna planificación previa ni ningún planificador. El desorden termina creando el orden. Los evolucionistas solo en forma marginal tocan el tema del origen de la vida; lo de ellos es estudiar las formas en que la vida -ya existente- se fue desarrollando y modificando según las cambiantes condiciones de lugar y tiempo por las que pasó el planeta.
LA VIDA ES LA OBRA DE UN CREADOR
• Aunque existan evidencias experimentales de los pasos previos necesarios, (las moléculas orgánicas esenciales pueden formarse de manera espontánea si se recrean en laboratorio las condiciones de la tierra de 3700 millones de años atrás) no se puede probar de manera indiscutible que un organismo viviente haya surgido de la organización y reorganización espontánea de la materia inorgánica. La distancia existente entre la producción de esos elementos químicos clave en la sopa primigenia, y el surgimiento de un ser viviente, parece ser demasiado grande como para hacer creíble que esto haya podido suceder. Si los mejores especialistas con los mejores recursos técnicos no pudieron hacer casi nada respecto a crear vida en laboratorio, resulta razonable creer que el solo azar, sin esos recursos, no podría lograr resultados mejores.
• Tanto los componentes físicos como los químicos carecen de “funciones intencionales”, en cambio, los seres vivos actúan con un propósito, están direccionados a objetivos concretos. La ciencia, en cambio, a pesar de los intentos que se hacen en forma permanente, no ha podido replicar en laboratorio esa intencionalidad en la materia. Lo que la ciencia debería probar es que un conjunto de moléculas inertes, puede ser orientada a cumplir solo funciones metabólicas, autorrepararse, almacenar información genética, reproducirse y evolucionar; ni hablar de las funciones de la mente. Los marcos teóricos planteados como explicación, no logran el consenso conveniente.
• Las leyes de la física y de la química son inalterables; las moléculas químicas o los impulsos eléctricos funcionan siempre de la misma manera, por lo tanto, muy difícilmente el materialismo pueda explicar los comportamientos no rígidos de las plantas, de los animales o de los hombres.
• La materia de un ser vivo se va renovando constantemente a través del metabolismo, manteniendo sin embargo la identidad y la misma estructura funcional. La organización del ser viviente se mantiene a pesar de los cambios físicos que experimente. En la materia, esos cambios significarían perder una identidad y transformarse en otra cosa.
• Si nuestros pensamientos fueran solo el resultado coyuntural de reacciones químicas o físicas “azarosas”, no podríamos estar seguros de absolutamente ninguna cosa; no tendría confiabilidad nada de lo que tenemos por cierto, y las ciencias serían imposibles. En cambio, en los hombres los pensamientos, que no son condicionados por el azar, vuelan con completa independencia de la materia.
• El materialismo puede describir cómo funcionan las cosas materiales, incluido el cerebro, pero no puede explicar cómo surgen las emociones, los proyectos, la libertad para pensar, creer, actuar o no actuar, el arrepentimiento, los propósitos de cambio, etc. El neurólogo puede decirnos como funciona esa maravilla llamada cerebro, pero no puede crearlo; ni modificar su funcionamiento; solo intervenciones periféricas sobre lo ya existente. Es un jerarquizado técnico que se asombra de la manera en que funciona esa súper computadora, sobre la que tiene una mínima posibilidad de incidir.
• La altísima densidad de información contenida en el ADN y su impecable precisión funcional hacen estadísticamente imposible que haya surgido por combinaciones azarosas de la materia. Es inevitable admitir la intervención de una mente planificadora. El ADN es una molécula que contiene la información genética y las instrucciones para el desarrollo y funcionamiento de los seres vivos.
• El científico Francis Collins (1993-2003, médico y genetista), uno de los científicos más importantes del mundo, nacido en Virginia, USA, en el año 1950 es conocido por haber descubierto los genes de algunas enfermedades y por haber sido el director del Proyecto Genoma Humano. En este proyecto, él y su equipo, tuvieron que determinar el orden
exacto de la secuenciación de los 3.272.116.950 pares de bases del ADN para el año 2003 (¡!), y así coincidir con el 50 aniversario de las investigaciones sobre la estructura tridimensional en forma de doble hélice del ADN, hecha por por James Dewey Watson y Francis Crick en el año 1953, ambos con premio Nobel compartido de Fisiología, en 1962.
En su juventud Collins fue un convencido y honesto ateo, hasta que fue golpeado por la actitud de muchos pacientes que, ante enfermedades graves o la inminencia de la muerte, en vez de protestar y desesperarse, se apoyaban serenamente en la esperanza de un inminente encuentro con Dios. Estas actitudes lo llevaron a estudiar en profundidad la religiosidad y las religiones. Largas reflexiones y tiempo, lo llevaron a convertirse en un católico practicante. Benedicto XVI en el año 2009 lo nombró miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias. A lo largo de su vida recibió muchísimos premios y condecoraciones por sus variados e importantes aportes.
• Collins en su libro “¿Cómo Habla Dios? La evidencia científica de la Fe”, afirma que el descubrimiento de la complejidad de la estructura del genoma humano le hizo vislumbrar la necesidad de la intervención de la divinidad. El protagonismo del azar para explicar la aparición de todo lo existente resultaba simplemente poco seria. En ese libro señala que existen fuertes fundamentos racionales para afirmar la existencia de un Creador, y que los descubrimientos científicos son un buen camino para llegar a quien creó esas maravillas. En otro de sus libros, “¿Cómo habla Dios?” rechaza el concepto de la creación del mundo como un hecho estático, y defiende que la creación es dinámica, continuada, permanente; Dios como Primer Motor es el que desencadena cualquier cambio o evolución en las creaturas de este mundo. Ningún cambio o mutación en lo creado se produce sin su consentimiento. Afirma también que todo avance científico debe ser un motivo de alegría intelectual, porque permite conocer algo más, algo que antes ningún ser humano conocía, pero que Dios sí conocía desde siempre.
• A propósito de una afirmación muy común según la cual existe incompatibilidad entre las ciencias y Dios, Werner Heisenberg (Nobel de Física 1932 por sus aportes a la Mecánica Cuántica, (¡con solo 31 años!) decía: “El primer sorbo del vaso de las ciencias naturales te vuelve ateo; pero en el fondo del vaso, Dios te está esperando”. Con esto daba a entender que un conocimiento poco profundo de las ciencias puede alejar de Dios, pero que el estudio exhaustivo de las maravillosas y sorprendentes leyes que rigen la materia, debieran llevar al Autor de esas leyes.
• Allan Sandage (1926-2010), fue el asistente y sucesor por 40 años de Edwin Hubble, en la dirección del observatorio más grande del mundo, el de Monte Palomar, es el autor de la primera observación fiable sobre la expansión cósmica, conocida como tasa de Hubble, había sido ateo por décadas hasta que, abrumado por lo que observaba y descubría en la esfera celeste, llegó a la conclusión de que aquello no era posible sin la existencia de Dios. Vale la pena recordar una de sus reflexiones; “Fue mi ciencia la que me llevó a concluir que el mundo es mucho más complicado de lo que la ciencia puede explicar (¡!). Solo a través de lo sobrenatural puedo entender el misterio de la existencia”.
• La afirmación de que Dios es el verdadero creador de la vida, tiene sólidos argumentos teológicos, filosóficos y científicos que la respaldan.
Nota: Profesor Humberto Guglielmin
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