Nota: Profesor Humberto Guglielmin. –
Una aclaración previa: en esta nota no hablaremos del materialismo como forma de vida, sino del materialismo filosófico. El materialismo como forma de vida es el de aquel que juzga que lo más importante de la vida es la riqueza de bienes materiales, el consumo como obsesión, la ostentación y el lujo. Este materialismo cree firmemente en el lema: “dime cuánto tienes, y te diré cuánto vales”.
EL MATERIALISMO Y LA FILOSOFÍA
Comencemos por definir qué entendemos por materia. En general entendemos por materia a cualquier sustancia física que posea masa, ocupe espacio y se presente en estado sólido, líquido, gaseoso o plasma (un fluido similar al gas, altamente ionizado, que está presente entre las estrellas). La materia es extensa, tiene forma, ocupa espacio y constituye lo que llamamos el mundo físico.
Según la filosofía, el materialismo es la doctrina que defiende que todo lo existente, incluido el pensamiento, la bondad, la maldad, la felicidad, la poesía, la historia, etc. son producidos, en último término, por diversas formas de organización de la materia. El materialismo rechaza cualquier fenómeno o realidad mental que no pueda explicarse o replicarse en laboratorio. Todo lo existente de alguna manera es solo materia, nada más que materia. Por lo tanto, Dios, el alma y cualquier otra cosa que aparentemente no parezca material, simplemente no existen. Es imaginario. Los materialistas piensan que con más tiempo e investigación se probará que absolutamente todo es alguna forma de materia.
Para el materialismo tampoco debería existir diferente calificación entre el hombre que hace el bien y el que hace el mal… esa calificación es estigmatizante y ofensiva, pues esas conductas son el resultado necesario de una particular forma de organización de la materia cerebral, de su química corporal; por lo tanto es injusto calificar negativamente a una persona de conducta inmoral pues esa conducta será el resultado inevitable de su composición material, y en la materia no existe la libertad de cumplir o no cumplir alguna de sus leyes.
Para los materialistas la moral es el conjunto de normas, valores y costumbres que una sociedad admite como aceptable o no aceptable. No existe la conducta buena o mala en sí misma, lo será la que los gobernantes califiquen de tal. No existen las personas buenas y las personas malas ya que ambas serían el resultado de las condiciones materiales de la vida y de la satisfacción de sus necesidades físicas y biológicas. La ética y la moral no son verdades permanentes y universales, sino productos históricos y sociales determinados por las condiciones materiales de la vida. Será el Estado el que establezca lo que es bueno y lo que es malo.
Ya Demócrito y Epicuro habían negado en el hombre la existencia de cualquier cosa que no fuera material. Julien Le Mettrie en el año 1748, después de haber estudiado las repercusiones síquicas que tenían en los soldados las heridas físicas, llegó a la conclusión de que incluso las funciones intelectuales del hombre podían explicarse sin recurrir a la noción de mente, de alma. Según Le Mettrie el pensamiento es una especial modificación de la materia cerebral.
Etienne Condillac reafirmó las teorías de Le Mettrie, acotando que todas las actividades cognitivas como el razonamiento, la memoria, la volición, etc. tienen su origen en las sensaciones de los sentidos. La vida síquica es el resultado de la elaboración de todas esas percepciones físicas, sin necesidad de recurrir a la existencia de algo no material. Todos los fenómenos de la vida biológica del hombre, incluidos los mentales, son de naturaleza mecánica. El hombre es la máquina perfecta, producida por una sorprendente serie infinita de combinaciones casuales favorables, que contribuyeron a su creación …No haremos una enumeración de los teóricos materialistas porque sería interminable.
CURIOSIDAD
El estudio de la perfección del cuerpo humano desde la óptica materialista – mecanicista, dio origen a intentos de replicar las actividades de las que el cuerpo del hombre, esa máquina tan perfecta, era capaz creando réplicas o imitaciones mecánicas de su funcionamiento; y así nació la noción de robot, palabra eslava que significa trabajador. Se intentaron las primeras y primitivas formas de prótesis anatómicas, de réplicas de la voz humana en los primitivos fonadores, de imitar la respiración pulmonar en elaborados fuelles o en curiosos acordeones etc. Hoy la inteligencia artificial, la I.A. nos tiene intimidados por sus tremendas posibilidades.
EL ESPIRITUALISMO
Esta posición, si bien admite que la mayoría de los fenómenos pueden explicarse según procedimientos materiales, defiende que algunas capacidades que tiene el hombre exigen aceptar la existencia en él de una realidad no material. Esa realidad recibe el nombre de alma, con sus capacidades vegetativas, sensitivas y las espirituales; no tiene extensión, no está en contacto con el mundo físico y por eso puede actuar con independencia de él. Las más notables manifestaciones del alma son las mentales, los pensamientos y las voliciones; y por eso reflexionamos, queremos, somos conscientes de nuestros actos y capaces de calificarlos moralmente.
La autoconciencia, la capacidad de conocerse y analizarse a sí mismo, son absolutamente autónomas respecto al cuerpo; no pueden reducirse a específicas interconexiones cerebrales. Si así fuera, la ciencia ya tendría información disponible y la capacidad de replicarlas en laboratorio. Lo cierto es que el cuerpo puede estar reducido a la más completa invalidez, y al mismo tiempo tener una intensísima actividad mental. Un ejemplo lo tenemos en Stephen Hawking; su invalidez casi absoluta no le impidió seguir investigando sobre temas complejísimos.
LA ENERGÍA
La materia y el espíritu son, según la filosofía, la ciencia y la religión, dos dimensiones de la realidad, opuestas y complementarias. Cualquier cosa, o pertenece a un campo o al otro, sin terceros posibles. Constituye la materia lo físico, lo mensurable, lo cuantificable, lo que responde a las leyes naturales. En cambio, el espíritu es inmaterial, no extenso, que tiene dependencia solo extrínseca respecto a la materia (la mente, en su obrar depende del cuerpo) que se manifiesta principalmente por el autoconocimiento, las voliciones, el remordimiento y los pensamientos.
Hubo sin embargo un intento de escapar a esta concepción binaria de la realidad; se trata de una corriente idealista cuyas derivaciones están actualmente muy difundidas, basada en las enseñanzas del científico alemán Wilhelm Ostwald, premio Nobel de química 1909, que rechaza la teoría atomista y la noción de materia, y la sustituye por la de energía. Esta posición se conoce con el nombre de Energetismo. Rechazaba la realidad objetiva y la sustituía con la noción de una energía existente en el universo, que no tenía sustento alguno en la materia. Afirma que todos los fenómenos de la naturaleza, de la sociedad, de la psiquis del hombre o de la religiosidad, etc. se deben a alteraciones espaciales o temporales de esa energía producidas por la conciencia humana. Esa energía la maneja, la determina, la mente del hombre.
Después de las tormentas teóricas desatadas entre los científicos por semejante tesis, Ostwald terminó por reconocer que estaba equivocado pues no había forma de negar la existencia de los átomos en la materia y porque, además, implicaba poner en dudas todo lo aportado por las ciencias a lo largo de la historia.
A Ostwald su teoría se le escapó de las manos y sufrió modificaciones que se difundieron en forma incontrolada. Conforme al lenguaje popular se entiende por energía el vigor personal para realizar actividades, mejorar lo existente, enfrentar dificultades, vencer los desafíos etc. pero, algunas interpretaciones piensan que “la energía” es una fuerza no definible, que está en el éter, esperando que alguna o muchas mentes humanas la llamen para llevar a cabo una determinada tarea. La forma en que suele expresarse esta creencia es, por ej. en los pedidos de energía para enfrentar un momento difícil, para curarme de un problema de salud o para rendir bien un examen. La energía, las buenas vibraciones, las buenas ondas están disponibles tanto en el universo, como emanando de nuestro cerebro. Los que defienden estas particulares energías creen que, por acción de la mente humana, pueden ser mentalmente dirigidas tanto en beneficio propio como ajeno. El energetismo y sus deformaciones, además de no tener seriedad científica, no logran escapar a la concepción materialista.
Cuando alguien pide a sus relaciones que manden energías o buenas vibraciones porque debe enfrentar una situación de riesgo, lo que en realidad está pidiendo es apoyo emocional, empatía, buenos deseos. Saber que esos apoyos son concedidos, multiplica la confianza y ayuda a salir airoso de las situaciones difíciles. Por lo tanto, eso que solemos llamar energía positiva, no va más allá de una actitud interpersonal, de una actitud empática y optimista, de disposición favorable, etc. Se trata de una conexión mental interpersonal a distancia, que no es material.
La energía física que puede transferirse de persona a persona en forma ocasionalmente perceptible se llama electricidad estática, que en ocasiones podemos sentir al darnos la mano, o al recibir un abrazo. Este tipo de energía es física, es material. La capacidad de sintonizar con la frecuencia emocional de otro, puede ser tenida como una forma de transferencia de una misteriosa vibración mental que, sin ser materia, puede ser percibida por otra persona.
“Encontrarse fue reconocerse. En el momento misterioso en que sus manos se tocaron no pudieron separarse. Cuando esas dos almas se descubrieron, se reconocieron como de una necesidad recíproca y se abrazaron en forma indisoluble”. Víctor Hugo. Los Miserables.
LA MATERIA Y EL ESPÍRITU
¿Todo lo que existe es solo materia o existe alguna realidad que no lo sea? Respecto a la materia inerte no hay nada que observar, pues en ella solo se cumplen las leyes de la química o de la física; otra cosa es cuando estamos ante la “materia animada llamada hombre”. ¿En este caso, en su accionar, se cumplen solo las leyes de la física y la química, o es que interviene algún elemento más? Sobre este tema han corrido ríos de tinta que desembocaron en dos posiciones que parecen irreductibles:
a) la de aquellos que dicen que todo es solo materia, a pesar de que todavía no se pueda demostrar en laboratorio la naturaleza material de algunos fenómenos que parecieran no serlo; a pesar de esta dificultad, que juzgan será solo transitoria, defienden que no es aceptable otra opción que la materialista; no puede existir algo que no sea materia.
b) la de aquellos que defienden que dentro del hombre existen otras capacidades, llamadas espirituales, que exceden largamente las posibilidades de la materia en cualquiera de sus formas o estados, por más organización que tenga. Defienden que entre la materia y la no-materia existe una barrera infranqueable: bajo esa barrera reina la materia, y por encima de ella, el alma, sede de la mente, de las emociones, de la voluntad, de la personalidad.
* ¿Qué es eso que anima el cuerpo del hombre y le da el soplo vital que le permite, no solo el movimiento y la actividad física propia de cualquier animal, sino que, además, le permite re-flexionar (salir mentalmente de sí mismo para analizarse a sí mismo desde una posición independiente del cuerpo) y plantear conceptos universales y abstractos? La Psiquis, la mente, no son materiales, pero actúan desde la materia y pueden operar con independencia de ella. Santo Tomás de Aquino explica esta realidad con el ejemplo del marinero, que vive en el barco, pero puede actuar con independencia de su nave, que se limita a ser solamente la residencia. La mente, inmaterial, reside, habita, en un cuerpo material.
* Es obvio que la materia no tiene auto conciencia y que no es consciente de sus actividades ni de sus posibilidades; ¿el cerebro del hombre, que es solo materia, puede producir resultados no materiales como la autoconciencia? Sabemos que las leyes de la materia se cumplen siempre, sin excepciones; sin embargo, la mente del hombre es libre, y puede domesticar los más vehementes deseos del cuerpo si se lo propone. La mente está en condiciones de hacer una cosa o su opuesta, es libre.
Sabemos que a escala atómica y subatómica las leyes de Newton son reemplazadas por la mecánica cuántica en la que reina la incertidumbre sobre los resultados. Fuera de este campo, las leyes de Newton se cumplen siempre, impera el principio de certidumbre, se puede saber dónde está un objeto y hacia dónde va… estamos seguros de que no puede haber un efecto sin su causa, y que la materia no puede transformarse en no-materia.
Las leyes de la materia son de cumplimiento inexorable, la gravedad siempre está vigente; sin embargo, el hombre siendo material, en sus manifestaciones puede escapar a sus leyes, mostrarse libre y hacer o no hacer una determinada acción. La libertad le permite al hombre escapar a la inexorabilidad de las leyes de la materia y remontarse a las alturas del espíritu.
Por naturaleza la materia es inerte, solo deja de serlo cuando entra en ella un soplo vital que la anima, y la lleva a manifestarse dando origen a una planta, a un animal o, en su máxima expresión, a un hombre, con todas sus potencialidades. Hay razones para creer que el materialismo filosófico, es una simplificación de una realidad mucho más compleja.
En la próxima nota, el Alma y la Vida.
Nota: Profesor Humberto Guglielmin
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