EL CELIBATO SACERDOTAL – (NOTA 2 de 2)

Nota: Profesor Humberto Guglielmin. –

LA REFORMA PROTESTANTE Y EL CELIBATO
De todos los Concilios, el de Trento es considerado el más importante de la historia de la Iglesia por el contexto en que se desarrolló: la ruptura de la unidad de la Iglesia cristiana de occidente con el surgimiento de la Reforma Protestante. Ésta se inició hacia el año 1400 con Jan Huss y Whycliffe y fue consumada por Martin Lutero en el año 1517. Antes de esta catástrofe religiosa se había producido otra ruptura, cuando los cristianos del oriente de Europa, en el año 1054, rompieron su relación con el Papa de Roma y cuestionaron temas teológicos y de disciplina.
En ninguna de ambas rupturas el celibato intervino como detonante, solo fue un tema menor. En las iglesias orientales, llamadas ortodoxas, la ruptura no significó ninguna modificación de lo que era una práctica que venía de lejos; se siguió con la doctrina de obispos célibes y clero con opción a estar casado.
En Europa, Martín Lutero defendió que los votos de pobreza, castidad y obediencia que hacen los clérigos, no son de origen bíblico y por lo tanto no son de cumplimiento obligatorio. Esos votos eran solo promesas humanas, en cambio, el matrimonio era un sacramento, que debía ser preferible al celibato.

LAS MUJERES Y LUTERO
En las zonas donde las enseñanzas de Lutero se habían difundido, las turbulencias político religiosas eran tan violentas y generalizadas que, entre otras manifestaciones, determinaron que muchos conventos, tanto masculinos como femeninos, por diversos motivos, se fueran vaciando. Lutero fomentó esa deserción y organizó personalmente la fuga del convento de nueve monjas que le habían escrito pidiéndole ayuda para escaparse. A instancias del padre de una de ellas terminó casándose con Catalina von Bora (26 años, él tenía 42), con quien tuvo 6 hijos propios y 4 adoptados. Sobre ella, dijo que se casaba: “para complacer a su padre (de ella), para fastidiar al Papa y al demonio, y para sellar su testimonio antes del martirio” (estaba convencido de que sus muchos enemigos terminarían con su vida).
A Catalina, la vida al lado de tan turbulento marido debió serle muy dura. Lutero despreciaba a las mujeres, de ellas decía cosas horribles, entre otras que: “es evidente que la mujer es un animal distinto al hombre, no solo por poseer miembros distintos, sino también por poseer un intelecto mucho más débil…” Sin embargo, sin ella, Lutero habría sido un desastre. Catalina, que venía de una familia noble empobrecida, tenía una educación muy superior a la que recibió Lutero de su familia de campesinos; ella debió enseñarle a mejorar su higiene personal, a controlar sus arrebatos de furia, su periódica depresión, su euforia o su amor por la cerveza. Ella fue la que manejó la familia y administró sus ingresos en forma ejemplar. Lutero admiraba a su mujer, pero despreciaba a las otras mujeres.
A pesar de lo que Lutero decía sobre las mujeres, al referirse a la más importante de todas ellas, la Virgen María, afirmaba: “Cristo fue el único Hijo de María, y la Virgen María no tuvo hijos aparte de Él… “hermanos” significa aquí “primos”, pues la Sagrada Escritura y los judíos, siempre llaman hermanos a los primos”. (Sermones sobre Juan…) “Él, Cristo, nuestro Salvador, fue el fruto real y natural del vientre virginal de María. Esto ocurrió sin la intervención de un hombre, y ella permaneció virgen después de eso (ibidem)… “Es una dulce y piadosa creencia que la infusión del alma de María, se efectuó sin el pecado original…desde el primer momento en que comenzó a vivir, estuvo libre de todo pecado” (Sermón “en el día de la Concepción de la Madre de Dios”1527). Al morir, en la cabecera de su cama había un cuadro de la Virgen.
Todos los movimientos religiosos derivados de la Reforma de Lutero admiten que el celibato, al no estar prescripto como obligatorio en la Biblia, es un don que, a quienes lo poseen, les permite enfocarse con más libertad a su misión evangelizadora, pero al no ser obligatorio, es una opción personal de sus ministros. La Iglesia católica, en cambio, piensa que la vocación al sacerdocio y al celibato es una única vocación. Esta posición es la que se mantiene hasta hoy, no obstante, al no ser un tema dogmático sino de disciplina interna, puede ser modificado si así se decidiera, y más de un Papa admitió esa posibilidad.

EL CONCILIO DE TRENTO Y EL CELIBATO (1545-1563)
Esta hermosa ciudad ubicada en el valle del río Ádige, a lo largo del devenir de la historia fue alternativamente italiana o austríaca, formando parte del Tirol del Sur. El paso Brennero, que es uno de los caminos para atravesar los Alpes de Norte a Sur y que comunica la llanura del Po con Austria y Alemania, la incorporó a un turismo selecto para que disfrute de sus edificios históricos, de sus montañas nevadas, sus pueblos pintorescos, sus bosques y lagos etc.
Pero sin duda la razón más importante de la fama de Trento se debe al Concilio allí celebrado y a dos de sus decisiones más importantes: el celibato obligatorio para obispos, sacerdotes y diáconos, y la institución de los seminarios para formar intelectual y moralmente a los jóvenes que aspiraran al sacerdocio.

OBSERVACIONES SOBRE EL CELIBATO
1) En aquella época (s.XVI) la esperanza de vida promedio apenas alcanzaba los 40 años. Hoy es casi el doble, y eso prolonga la vitalidad sexual.
2) En el siglo XVI, la abrumadora mayoría de la población europea era campesina, vivían de su pequeña propiedad que trabajaban en forma intensiva, y la vida social era relativamente escasa. En un ambiente así, todo lo relacionado con el sexo era muy hermético, y los jóvenes solo podían acercarse entre sí y departir, en forma por demás controlada, solo en las fiestas populares que se hacían a lo largo del año. En esa sociedad, fuertemente cristiana y moralmente muy rigurosa, era impensable que una parejita llegara al matrimonio sin ser virgen; si eso sucedía, la condena social los acompañaría toda su vida. En algunas de las grandes ciudades de entonces, incluso dentro del clero, había círculos de gente poderosa que era corrupta. Pero, fuera de ellas, había una generalizada exaltación, tanto religiosa como social, del control de los impulsos relacionados con el sexo. No solo había menos oportunidades para el sexo, también se educaba desde la niñez para fortalecer el carácter y así superar todo tipo de tentaciones. Ciertamente, las conductas virtuosas de la población europea de entonces, de ninguna manera eran mérito de su jerarquía eclesiástica.
3) Hoy, el sexo lo ha invadido todo; está en la computadora, los celulares, las publicidades, películas, modas, libros, revistas, canales comunes y solo para adultos, etc. No se puede encontrar nada que no tenga alguna alusión más o menos directa con el sexo. Los clip o videos musicales, tan repetidos y tan vistos por los adolescentes, llevan la explotación de la sexualidad al extremo; esa es la razón por la que la mayoría de los cantantes, para hacer soportables sus interpretaciones, necesitan absolutamente de permanentes flashes hot. Sin esos flashes sexuales el fracaso del cantante y de esa canción estaría asegurado.
4) Si tiempo atrás el celibato provocaba admiración y deseos de imitación, hoy la admiración es hacia los matrimonios estables, donde reina el amor, el amor que ha superado todas las situaciones adversas y que es referencia firme para hijos y nietos estando “aún en vida”; ya se sabe, luego de muertos, resulta que todos fueron extraordinarios. El matrimonio para toda la vida está en grave crisis y se necesitan modelos de matrimonios, y los curas casados podrían ser un buen refuerzo.
5) Es casi temerario imponer el celibato obligatorio, a hombres que viven dentro de esta sociedad hipersexualizada y que no valora en absoluto el celibato de sus clérigos porque, dados los escándalos de público conocimiento, simplemente no creen que sea cumplido. En las últimas décadas cerca de 90.000 sacerdotes colgaron la sotana en diversas partes del mundo. En algunos países están agrupados en federaciones y mantienen contactos entre ellos para darse apoyo, y presentar a la más alta jerarquía católica, las sugerencias que creen más oportunas para la iglesia, entre ellas y en lugar destacado, la eliminación del celibato.
6) El acercamiento de algunas mujeres a los sacerdotes jóvenes, es mucho más desinhibido que tiempo atrás, y mantener siempre las distancias adecuadas resulta una tarea muy ardua para el cura. Claro que las cosas podrían no cambiar mucho si los sacerdotes estuvieran casados.

7) Muchas iglesias cristianas, y también las católicas de ritos orientales, muestran que se puede ser sacerdote teniendo una familia, y que no hay evidencias de que esto afecte mayormente su tarea ministerial. La confirmación la podemos deducir con algunos ejemplos: En agosto del 2005, con la autorización papal, el pastor anglicano David Gliwitski, 64 años, casado y con dos hijos, fue ordenado sacerdote católico por el obispo de Tenerife, Islas Canarias. A la ceremonia acudieron desde USA y UK sus 2 hijas y una nieta. Como sacerdote católico, atiende igualmente bien a su familia como a su tarea pastoral.
En noviembre de 1992 el Sínodo Episcopal Anglicano de gran Bretaña, con la ratificación del Parlamento de UK, autorizó la ordenación sacerdotal de las mujeres. Semejante medida trajo consecuencias internas muy graves: en la convicción de que Cristo quería que el sacerdocio solo fuera conferido a varones y preguntándose con qué autoridad el Sínodo y el Parlamento inglés habían tomado semejante medida, más de 150 pastores anglicanos pidieron incorporarse a la iglesia católica (más de la mitad de ellos estaban casados y con hijos). Una delegación de obispos católicos de Inglaterra y Gales se reunieron en Roma incluso con el riguroso Juan Pablo II, y se aceptó su incorporación a la iglesia católica con estas condiciones: a) debían recibir nuevamente la ordenación sacerdotal. b) respecto a su condición de casados, se aclaró que no era en anticipo de la eliminación del celibato, sino que se concedía esa autorización con carácter excepcional. Esos nuevos sacerdotes podrían llevar vida matrimonial sin observación alguna. c) Debían estar en comunión con la sede de Pedro y aceptar la autoridad del Papa en temas de fe y moral y, d) Se pedía a los fieles católicos que ayuden a la integración de los nuevos sacerdotes a la comunidad católica. Casos similares se repitieron en EEUU, Canadá e Inglaterra. El matrimonio no había sido un obstáculo a su desempeño pastoral ni antes ni después de haberse transformado en sacerdotes católicos.
8) No coincide el número de los que tienen vocación para el sacerdocio con el número de los que tienen vocación por la vida célibe. Es alarmante el número de sacerdotes que cuelgan los hábitos para formar una familia. La soledad es la constante y dura compañía del célibe. Luego de su actuación pastoral, el sacerdote siempre volverá a estar solo y obviamente esa soledad no es buena compañía. Ella es la principal responsable de las conductas condenables y hasta criminales de algunos sacerdotes, que la Justicia ha sacado a luz, y que provocan vergüenza y distanciamiento de la iglesia por parte de muchos católicos.
9) Estudios realizados en Europa ponen en evidencia que las Iglesias protestantes tienen más vocaciones al ministerio que las necesarias, planteando así el interrogante de porqué solo la iglesia católica tiene un drama tan grande con la falta de vocaciones. A esto se une la realidad de que la edad promedio de los sacerdotes católicos es muy elevada.
10) No hay evidencias de que la falta de sacerdotes se deba al materialismo generalizado o a la pérdida masiva de la Fe. Los movimientos de voluntariado juvenil, que en muchos casos enfrentan realidades espeluznantes, como es el caso de los médicos sin fronteras, y muchas otras ONG, parecen desmentir ese materialismo. Aunque muchos de esos muchachos y chicas que dan años de sus vidas a tan nobles tareas no lo digan, o incluso lo desmientan, están cumpliendo el mandamiento de amar a Dios sirviendo a quienes fueron creados a su imagen y semejanza y que fueron abatidos por la adversidad. Ellos no dicen que lo estén haciendo, pero lo hacen. Y Dios lo sabe. Ellos están cumpliendo en forma maravillosa lo que Jesús llamó el primero y más importante de los mandamientos: “Amarás al Señor tu Dios… y amarás al prójimo como a ti mismo” (Mt. 22:34-40). Quien ama al prójimo, está amando a Dios porque el prójimo está hecho a imagen y semejanza de Dios. Todavía hay mucha gente buena, y muchos de ellos, no saben que lo son.
Tal vez, la causa de la falta de vocaciones sacerdotales no esté en el materialismo de nuestra sociedad.
11) “Hay hombres que se quedan sin casar por causa del Reino de los Cielos. El que puede aceptar esto, que lo acepte” (Mt. 19:12)
San Agustín y Santo Tomás de Aquino defendieron el celibato para los sacerdotes pues en ese estado podían enfocarse en forma total a la evangelización, y estando casados esta disposición a esa tarea queda reducida. En la Biblia, el celibato no se presenta como obligatorio sino como un don o como una elección personal para mejor servir a Dios; y tanto Jesús en el Evangelio como San Pablo en sus cartas afirman que el celibato es un don dado a pocos.
San Pablo afirmó: “El célibe se ocupa de los asuntos del Señor…mientras que el casado, de los asuntos del mundo…” “En cuanto al no casarse, no tengo ningún mandato especial del Señor, etc. (1 Cor. 7:25) En realidad conviene leer todo el capítulo 7 de esta carta porque es muy claro. No se prescribe allí el celibato.
Las citas bíblicas jerarquizando el matrimonio son muy numerosas. En Mt. 19:4, ante una pregunta capciosa de los fariseos Jesús les contestó: “Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos serán como una sola persona. Así que ya no son dos, sino uno solo. De modo que el hombre no debe separar lo que Dios ha unido”.
Para la iglesia católica, el matrimonio es un sacramento o sea un signo visible de una realidad invisible a través de la cual Dios da su gracia y asistencia a los contrayentes. El celibato no es un sacramento sino una decisión de disciplina, de ordenamiento interno de la iglesia, cuya observancia el candidato al sacerdocio creyó que podía cumplir.
12) Dada la acuciante falta de vocaciones al sacerdocio y la avanzada edad de la mayoría de los que lo son, no se puede esperar, algo hay que hacer. Y las opciones son solamente dos:
a) Se mantiene la actual disciplina sobre el celibato y se aceptan las inevitables consecuencias que ello acarrearía: cada vez más iglesias vacías por falta de sacerdotes; cada vez más colegios religiosos sin siquiera una visita semanal de un sacerdote; cada vez más sacerdotes en geriátricos de la iglesia; disminución acelerada, por fallecimiento, de los sacerdotes aún en actividad; pueblos y ciudades donde no hay ni misas ni sacramentos desde hace muchos años, etc. etc. Lugar que queda sin presencia de la iglesia católica, de inmediato se incorpora al evangelismo.
b) La segunda propuesta, desde hace tiempo ronda por los escritorios del Vaticano y consiste en proponer la autorización de una doble condición de sacerdotes: la de los que opten por seguir siendo célibes y la de los que elijan el matrimonio (esta última posibilidad podría darse o no a quienes en este momento ya son sacerdotes). Los jóvenes con una clara vocación al sacerdocio que opten por el celibato, y los que no lo deseen, deberían seguir su formación intelectual y moral en seminarios o en instituciones ad hoc, o al lado de sacerdotes que sean sus guías y orientadores, y así recibir una sólida formación en filosofía y teología. Eventualmente se discutirá si los que opten por el Matrimonio deberían contraerlo antes de ser sacerdotes o también podrían contraerlo después.
Los llamados “viri probati” (hombres ya mayores, casados y de reconocida virtud), que también necesitan una sólida formación, serían los primeros candidatos a integrar las filas del clero.
Durante el Concilio Vaticano II (1962-65), el holandés Pedro Koop, obispo de Lins, San Pablo, Brasil, distribuyó una presentación sobre el tema: “Si queremos salvar a la iglesia en nuestras regiones de Iberoamérica, debe introducirse entre nosotros tan pronto como sea posible, un clero de hombres casados, formado por nuestros mejores hombres casados, pero sin introducir ningún cambio en la vigente ley del celibato”.
Otro asistente a ese concilio, el obispo Kemerer, de Posadas, Misiones advirtió que: “El pueblo de Dios tiene el estricto derecho a recibir el evangelio y a tener una vida sacramental … en justicia, la Iglesia debe respetarlo” (no lo hace porque no hay sacerdotes) y luego tuvo una severísima admonición, afirmando que la Iglesia Católica colapsaría en América latina “si el Concilio no abría la puerta a la posibilidad de conferir el sagrado sacerdocio a laicos idóneos, unidos en matrimonio desde al menos cinco años.” Ralph M Wiltgen, del libro “El Rin desemboca en el Tíber”. ¿Sucede algo de esto?
Vimos las propuestas más conocidas, pero todas son borradores; queda abierta toda una serie de posibilidades de nuevas formulaciones, seguramente diferentes a las que acabamos de ver.

Un cambio así, cualquiera sea, acarrearía gravísimas consecuencias de todo tipo, por eso no se puede improvisar. A pesar de la urgencia, hay que estudiar con mucha seriedad y detalle cada una de las alternativas y sus posibles consecuencias. Seguramente habrá que consultar con especialistas católicos de todas las disciplinas, sin dejar de lado las experiencias de las iglesias católicas orientales, las de los ortodoxos y las de las iglesias protestantes históricas. Seguramente aportarán muy buenos consejos. Irónicamente, algunas de esas confesiones donde el matrimonio es lo normal, envidian el celibato católico, y lo quisieran para los ministros de su congregación, entre otras razones, porque el celibato genera menos dolores de cabeza a sus obispos.
Cualquiera de las dos alternativas expuestas que se elija: ratificar duramente el celibato sacerdotal tal cual está hoy, o abrir la posibilidad de que coexistan clérigos célibes con clérigos casados, tendrá consecuencias difíciles de imaginar. Si se permitiera el sacerdocio a hombres casados, ¿los actualmente sacerdotes y la jerarquía eclesiástica de todos los países, aceptarían sin protestar semejante posibilidad? ¿por este y otros temas, no podría haber un cisma?

La realidad es que, es absolutamente imperioso tomar una decisión que suponga, o la ratificación del celibato actual cuya vigencia por variadas razones es fuertemente cuestionada, o la autorización de un clero donde sea optativo el celibato o el matrimonio. No se puede esperar.
¡Que Dios asista a quienes deban tomar esa decisión!

Nota: Profesor Humberto Guglielmin
guglielmin.humberto@live.com

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