APUNTES SOBRE DIOS parte 8 NIETZSCHE, FEDERICO: “DIOS HA MUERTO”

Profesor Humberto Guglielmin. –

¿QUIÉN ES?
Nietzsche (1844-1900) es uno de los filósofos más conocidos y, tal vez el más libremente interpretado. Es muy difícil definirlo porque su cabeza era un torbellino y por eso fue de todo un poco: filósofo, poeta, crítico musical y compositor, filólogo, etc. Su mayor brillo lo consiguió dentro del campo de la filosofía, sin embargo, no construyó un sistema filosófico porque su pensamiento siempre estuvo en evolución y fueron frecuentes sus cambios de eje. Su mente inquieta estaba en permanente tempestad: “Conozco mi suerte: se ligará mi nombre al recuerdo de una crisis como no hubo otra en la Tierra. Yo no soy solo un hombre, yo soy dinamita. Contradigo como nunca nadie lo ha hecho antes”. Una bravuconada individual de este tenor la puede escribir cualquiera, pero en el caso de Nietzsche, las afirmaciones de sus escritos, dada la jerarquía de su pluma, tuvieron una trascendencia que se extendió a todo el mundo.
En la historia de la Filosofía su obra se incluye dentro del movimiento Vitalista, surgido a fines del s. XIX, caracterizado por su distanciamiento del Positivismo y del Idealismo. El tema dominante del Vitalismo pasa por tomar como centro de estudio la vida del hombre y su sentido; las especulaciones girarán en torno a ese tema, y sobre los factores que de alguna manera pueden incidir en la vida. Dentro del Vitalismo se lo suele incluir dentro del Irracionalismo, porque en esta etapa de su vida se dio su mayor y mejor producción. Uno de sus incondicionales lectores fue Benito Mussolini, que solía comentar que la lectura de las obras de Nietzsche le provocaban una sensación extremadamente infrecuente en el resto de las personas, sentía una intensa descarga de “erotismo espiritual” (¿?).

Nació en Röcken, de una familia de pastores protestantes. A los cuatro años pierde a su padre y poco después a su hermano menor. Estudió Teología en Bonn, pero abandonará esos estudios poco después, para irse a Leipzig a estudiar lenguas clásicas y filología. Debido a sus muy meritorias investigaciones estudiantiles la Universidad le dio el título de Doctor en Filología Clásica sin necesidad de que rindiera ningún examen ni hiciera una tesis. De inmediato la Universidad de Basilea, Suiza, lo convoca y le da la cátedra de Filología; tenía solo 24 años. Ya en este país renuncia a la ciudadanía alemana, y se mantuvo como apátrida el resto de su vida, sin embargo, durante la Guerra Franco-Prusiana pidió licencia para unirse por breve tiempo a las tropas prusianas como asistente enfermero; ese corto servicio le complicaría aún más sus problemas de salud pues contrajo la disentería y la difteria, cuyas secuelas lo acompañaron hasta su muerte.
En 1879 debió abandonar la cátedra por síntomas de desequilibrio mental, causado por la progresión de una neurosífilis contraída en su juventud de estudiante por frecuentar los lupanares de la ciudad de Colonia. Buscando serenidad y paz, viaja por varios países, especialmente a Italia, donde se radica por un tiempo esperando una mejoría. La enfermedad, sin embargo, seguirá su indetenible curso y en el año 1889 perderá completamente la razón y por eso se hizo necesario confiarlo al cuidado de su madre y más tarde al de su hermana.

Desde muy joven había leído los escritos de Schopenhauer y admirado fuertemente la labor musical innovadora de R. Wagner en el campo de la música en general y en el de la ópera en particular. Por un tiempo fue incondicional de ambos, pero andando el tiempo se independizaría intelectualmente de ambos. De Wagner, además de admirar su música también admiraba la belleza e inteligencia de su esposa Cóssima. Andando el tiempo sin embargo tuvo un enfrentamiento y ruptura con Wagner motivado por los argumentos de sus óperas y su nacionalismo extremo, que lo llevaba a exaltar la superioridad artística y racial alemana, temas que posteriormente serían utilizados por el nazismo.
Nietzsche también tuvo enredos sentimentales con Lou Andreas-Salomé, escritora y sicoanalista ruso-alemana, esposa de Rainer María Rilke, poeta y novelista austríaco considerado uno de los más grandes maestros de la literatura alemana. Era una mujer fatal que deslumbraba por su figura y por sus conocimientos. También fue musa intelectual de Freud. A pesar de que los procuró insistentemente, tanto Cóssima como Salomé, le negaron los acercamientos no académicos.
Sus años intelectualmente más productivos fueron esos diez años entre 1879 y 1889, años en los que la enfermedad progresaba e iba destruyendo su vista y su cerebro. Sus obras más conocidas son: poder Así habló Zaratustra, La gaya ciencia, Más allá del bien y del mal, El ocaso de los dioses, La voluntad de poder, El origen de la tragedia en el espíritu de la música, etc. Suponiendo que sería muy poco leído, Nietzsche solía publicar sus trabajos con muy pocos ejemplares. Algunos de sus libros como Ecce Homo y El Anticristo, tienen que ver con su creciente ceguera y el agravamiento de su enfermedad venérea. En la parte final de su vida su problema de salud lo llevó a escribir, ocasionalmente, notas en las que exageraba disparatadamente su sabiduría; en mejores condiciones no las habría escrito y por eso, ya en su tiempo, fueron eliminadas del resto de su producción. La megalomanía fue uno de los síntomas que acompañaron su desequilibrio completo. El 25 de agosto del año 1900 una severa neumonía puso fin a su atormentada vida. Por voluntad de su hermana Elisabeth, fue enterrado junto a la tumba de su padre en la iglesia luterana de Röcken.

SU OBRA
Sobre Nietzsche es muy difícil hacer observaciones siempre válidas, pues dado su tempestuoso y cambiante pensamiento, da pie a que las interpretaciones puedan ser diversas. Sus posiciones ideológicas variaron según pasaban los años. Leyendo sus libros llaman enormemente la atención dos cosas:
1) Que personalmente no tomara claro partido sobre los temas que escribía; los trataba recurriendo a formas enigmáticas y de significado abierto. No es posible afirmar alguna característica de su pensamiento que haya permanecido invariable a lo largo de sus obras. En general recurre a sentencias o anécdotas cortas y desafiantes; nunca expresa tener dudas; los temas sobre los que escribe no son necesariamente coherentes y relacionados entre sí. No busca demostrar nada con argumentos probatorios: afirma, expone, y deja que el lector sea el que interprete lo que escribió. Tal vez parte de la popularidad de Nietzsche se debe a esto.
2) Su estilo aforístico y su tendencia a escribir reflexiones transformadas en breves e inapelables sentencias. En el caso de Nietzsche, sus afirmaciones con frecuencia son brillantes y comprensibles, pero muy frecuentemente uno queda totalmente desorientado y sin tener certezas sobre lo que quiso decir.
En sus primeros escritos está bajo la influencia estética de Schopenhauer y R. Wagner y cree que el fin supremo de la existencia del hombre sobre la tierra es admirar la belleza y el arte. En “El nacimiento de la tragedia”, trata de profundizar el estudio de los maestros griegos, y en ellos descubre algo que marcará toda su vida y todo su pensamiento. Descubre que según ellos absolutamente toda la realidad se rige por dos componentes, el apolíneo y el dionisíaco. Apolo, uno de los dioses del Olimpo, representa al sol, la belleza masculina, el orden, el deber, la armonía, el equilibrio, la razón, la perfección etc. y Dionisio, otro dios olímpico, es el dios del vino, de la orgía, de la fertilidad, de la vida exaltada y libre de reglas, del teatro y del caos. Cada uno de estos dioses señala un camino o vía para orientar el pensamiento y la vida de los hombres, y la historia es el resultado del predominio de estas tendencias enfrentadas.
La vía del conocimiento Apolínea es especulativa, racional, elabora teorías y sistemas, busca el sentido de las cosas respetando la razonabilidad y la proporción. Para Nietzsche la vía de la racionalidad lleva a la muerte y a la esterilidad, porque petrifica con leyes, reglas e interpretaciones una realidad que debe ser espontánea, cambiante individual y libre.

La vía Dionisíaca aconseja dejarse llevar por el instinto, la aceptación entusiasta de los cambios de la vida, la exaltación de los impulsos vitales de la naturaleza, el gozo de las pasiones, la embriaguez creadora de la improvisación. La vía Dionisíaca es el camino de la vida.
Estas dos vías de conocimiento tan enfrentadas, cuando se funden, cosa que sucedió en Grecia, dan origen a las obras de arte que tanto nos asombran. Nietzsche afirma que este equilibrio entre orden y espontaneidad, fue roto por Sócrates, Platón y Aristóteles, porque ellos fueron los responsables de que, tanto en la filosofía como el teatro, se iniciara el predominio de lo apolíneo por sobre lo dionisíaco, de la regla por sobre la espontaneidad. Este predominio se prolongó en el cristianismo y en la filosofía de Occidente. Nietzsche afirma la filosofía dominante es una forma de distanciarse de las realidades de la vida, y que estos 2.000 años de decadencia de la civilización occidental son una responsabilidad del predominio de lo apolíneo. Solo el predominio de la dimensión dionisíaca de la vida, podrá dar origen a una nueva moral y a un nuevo hombre.

FE EN LA CIENCIA
Luego de liberado de la influencia de Wagner, busca la verdad y el sentido de las cosas en el positivismo y en los avances de las ciencias. Rechaza la visión dualista de las cosas, materia-espíritu; solo existe la materia, y solo la ciencia es la encargada de revelar lo que es verdadero. Esta fe en la ciencia lo llevó a una etapa de fuerte agnosticismo, y rechazará todo lo que no fuera demostrado empíricamente. Si bien negó la posibilidad del pensamiento metafísico, de la inmortalidad del alma y de cualquier forma de conocimiento de Dios, percibió que limitarse nada más que a la profundización del conocimiento de la materia, tenía resultados demasiado limitados porque, por ejemplo, no tenía respuestas a temas no materiales, como el sentido de la vida.
Hacia 1882, entrará en una etapa de culto a la irracionalidad pues, según afirmó, los intentos de la filosofía occidental por racionalizarlo todo, llevaron a esterilizar la capacidad creadora del hombre y a desconocer que la vida es esencialmente irracional y sin sentido. A pesar de esta durísima actitud, no ve que la salida futura del hombre sea solo la resignación, el pesimismo (Schopenhauer) o tal vez el suicidio; la solución debe estar en producir un nuevo tipo de hombre, capaz de aceptar desafiante y sereno, “con los pies en el suelo”, el absurdo de la vida.
Nietzsche, poco a poco se transformó en Nihilista, esa corriente filosófica que asegura que la vida carece totalmente de sentido, que no existen verdades absolutas, ni moral objetiva ni realidades trascendentes; los límites son formas perversas de quitar la libertad y posibilidades del hombre. Consideraba que al no haber motivo para creer en absolutamente nada y no encontrar sentido a su existencia, la civilización occidental había entrado en una etapa de agonía y muerte. La forma contundente que usó para describir esta situación fue recurriendo a la figura de que: “Dios ha muerto”. Antes de la muerte de Dios, la fe en lo trascendente daba sentido a las cosas; ahora ya no, Dios ha muerto, ha muerto la ética, la religión, la metafísica y la piedad hacia los débiles y es el momento de proponer cosas nuevas y mejores.

EL ATEÍSMO DE NIETZSCHE
Que durante una buena parte de su vida hubiera sido un buen cristiano y que su padre hubiera sido un devoto pastor luterano, no lo frenaron al momento de declarar ruidosamente su ateísmo. Cabe, sin embargo, una observación: el ateo afirma que Dios no existe porque nunca existió, y cree tener argumentos válidos para demostrarlo. Nietzsche, sin embargo, afirma que “Dios ha muerto”… pero, considerando que solo muere el que está o estuvo vivo… ¿el Dios en el que creyó en su juventud murió en su madurez? ¿Estaba haciendo una constatación de lo que veía en el ambiente en el que se movía? Si nunca hubiera existido, no podría haber muerto.
Para Nietzsche la religiosidad en el mundo había sufrido justos golpes con la generalización del escepticismo, los éxitos de las ciencias, la abolición de las jerarquías sociales y la progresiva caída de los valores cristianos. Las muchedumbres ya no manifestaban masivamente su fe en Dios, porque la religión había combatido el espíritu dionisíaco, defendiendo lo que era nocivo para el hombre: predicó las bondades de la humildad prefiriéndola al orgullo personal; predicó la castidad oponiéndose a las fuerzas del instinto; predicó la compasión y la defensa de los débiles, dificultando así el reinado de los amos fuertes y poderosos. La Iglesia debía desaparecer y con ella, Dios.
La noticia de la muerte de Dios la pone en boca de un loco desquiciado que no es otro que el propio Nietzsche, y lo hace de esta manera:
“¿No oísteis hablar de aquel loco que en pleno día corría por la plaza pública con una linterna encendida gritando sin cesar “¡busco a Dios!”, “¡busco a Dios!”. Como estaban presentes muchos que no creían en Dios, sus gritos provocaron risas… El loco se encaró con ellos, y clavándoles una mirada, exclamó: ¿Dónde está Dios? Os lo voy a decir: lo hemos matado, vosotros y yo, todos nosotros somos sus asesinos”.
“Pero ¿cómo hemos podido hacerlo?… ¿No veis de continuo acercarse la noche, cada vez más cerrada?… ¡Dios ha muerto!… ¡y nosotros le dimos muerte! ¡Cómo consolarnos nosotros, asesinos entre los asesinos! ¡Lo más sagrado, lo más poderoso que había hasta ahora en el mundo, ha teñido con su sangre nuestro cuchillo! ¿Quién borrará esa mancha de sangre? ¿Qué agua servirá para purificarnos?… ¿La enormidad de este acto no es demasiado grande para nosotros?” La gaya ciencia, 1882
“Qué hicimos para liberar a esta Tierra de la cadena del Sol? ¿Dónde se mueve ahora? ¿Dónde nos movemos nosotros? ¿Fuera de todos los soles? ¿No es la nuestra una eterna caída? ¿Atrás, al costado, adelante, por todos lados?”. La Tierra desvinculada del Sol (Dios) por el impulso dionisíaco, supone el derrumbe de todos los valores que se creían verdaderos y eternos”.
“Nunca hubo una acción más grande: ¡Todos los que vengan después de nosotros pertenecerán, en virtud de esta acción, a una historia más elevada de cuanto lo han sido todas las historias habidas hasta hoy!”. Según Nietzsche la muerte de Dios preanuncia un dorado amanecer para la historia del hombre”.
“Se cuenta que aquel mismo día el loco irrumpió en varias iglesias, y que entonó en ellas su Requiem aeternam Deo.” El loco, en realidad el propio Nietzsche, le deseó el descanso eterno.

En la próxima nota veremos las opciones que Nietzsche propone para el hombre ya libre de los mandatos impuestos por Dios en sus mandamientos: una nueva moral, la moral de los amos, un nuevo hombre, el superhombre, y las rápidas consecuencias de esta doctrina en la política.

Nota: Profesor Humberto Guglielmin
guglielmin.humberto@live.com

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