ALGUNAS RELIQUIAS BÍBLICAS (Nota 1 de 3)

Nota: Profesor Humberto Guglielmin.-

INTRODUCCIÓN
Son muchas las ciencias auxiliares de la Historia que pueden aportar lo suyo en torno a la interpretación de algunos de los relatos, aunque sean marginales, que están en la Biblia. Normalmente se busca que, si es posible, toda información escrita sea ratificada en evidencias demostrables. Esto que sucede en todos los campos del saber, también es parcialmente aplicable a la Biblia. Desde hace tiempo muchos arqueólogos, biblistas y aficionados con inquietudes se lanzaron a buscar las posibles evidencias materiales que confirmaran o desmintieran algunos de los relatos de la Biblia. Estas ciencias auxiliares dejan para los exégetas la interpretación religiosa, se limitan a confirmar o desmentir, donde su intervención sea pertinente, algunos aspectos materiales de esos relatos. He seleccionado para estas notas cuatro temas de interés: el Arca de Noé, el Arca de la Alianza, el Santo Grial y la Santa Sábana de Turín.

EL ARCA DE NOÉ Y EL DILUVIO
Entendemos por diluvio a una inundación generalizada de la tierra normalmente producida por lluvias muy intensas y prolongadas, que causan daños tan graves que quedan en la memoria de varias generaciones. Por extensión, también se aplica el mismo nombre a desastres producidos por colapso de diques con agua en el curso de los ríos, o con relaves en zonas mineras. Con más frecuencia suceden cuando se dan veranos extremos que derriten las nieves y glaciares de las montañas.

DIGRESIÓN
A propósito de glaciares y diluvios, me voy a permitir recordar un hecho que conmovió al mundo: es probable que el peor de los diluvios posibles haya sucedido en el año 1985, en Armero, Colombia, donde el Nevado del Ruiz, de 5.400 m de altura, un volcán hasta entonces inactivo, comenzó a dar signos de actividad que las autoridades no interpretaron correctamente y por eso, al no haber hecho evacuaciones masivas, cuando el volcán entró en erupción, y lo hizo furiosamente, los gases y materiales incandescentes que emitió derritieron en forma súbita los glaciares y la nieve que cubrían su cumbre, produciendo así un gigantesco e indetenible aluvión de agua caliente, barro y piedras, que descendió desde la cumbre a una velocidad superior a los 60 km horarios, que taparon por completo la ciudad de Armero, dejando 25.000 muertos, y muchos casos estremecedores como el de la niña Omayra Sánchez de 13 años, que por tres días estuvo atrapada por sus piernas entre los escombros de su casa y el cadáver de su tía ya muerta; ella veía cómo el agua y el barro calientes subían y subían de nivel, y que los rescatistas solo pudieron liberarla de la cintura para arriba; sus piernas sin embargo estaban firmemente atrapadas en los restos de lo que había sido su casa. El aluvión de barro caliente iba superando cómodamente el metro de altura, pero ella se ilusionaba en que las autoridades presentes y los rescatistas la salvaran en cualquier momento, pero el nivel del agua seguía subiendo. Existen fotografías donde se la ve serena y con el agua al cuello. Increíblemente en esos tres días las autoridades no consiguieron los equipos básicos, que hubieran podido salvar a esa niña, y los médicos consideraron que la única alternativa que había era la amputación de ambas piernas, pero estaban debajo de esa gruesa capa de barro que no podían reducir. Durante esos tres terribles días, frente a las cámaras de TV del mundo, accedía a responder a quienes se afanaban por salvarla y de daban palabras de aliento. Mantuvo, frente a la muerte inminente, una serenidad impensable en una niña de 13 años. Por momentos también rezaba o lloraba. En un momento se le escuchó decir: “Mamá, si me escuchas, te pido que reces por mí para que todo salga bien”. Pero no fue así. Los médicos consideraron que antes de amputarla, y dadas las circunstancias, era más humano dejarla morir, cosa que sucedió después de más de 60 horas de terribles padecimientos. El mundo entero fue testigo mudo de su espantosa muerte y de las negligencias e imprevisiones que suelen tener los gobernantes. Para los habitantes de Armero y del mundo, fue el más inimaginable y cruel de todos los diluvios posibles.
Si en la otra vida no hubiera un Dios que compensara las amarguras y sufrimientos de esta vida, la terrible agonía y muerte de Omayra habrían sido injustificables, no habrían tenido ningún sentido. Si no hubiera Dios, las amarguras de la vida son completamente inaceptables.

VOLVIENDO AL TEMA.
En todas las culturas de larga historia, existen relatos sobre inundaciones que terminaron con la vida de hombres y animales, y que sus habitantes, por el muy limitado horizonte geográfico que tenían bajo control, describían como “universales”, pues hasta donde alcanzaba la vista solo veían agua; pero en rigor no lo eran. Sin ninguno de los medios que nos da la tecnología y poniéndonos dentro de la cultura pastoril de 4.000 años atrás, también diríamos que el diluvio que tuvimos en Bahía Blanca abarcó toda la tierra pues lo único que se veía era agua turbulenta. No debe sorprender por lo tanto que, en ese tiempo, a una inundación grave la llamaran universal. El diluvio bíblico fue tan local como el que padecimos el 7-III-2025.
Inspirado por Dios, el escritor del Génesis aprovechó la memoria colectiva que había sobre antiguas inundaciones para trasmitir a sus contemporáneos dos mensajes: a) Recordarles a esos pastores errantes, a través de relatos vívidos e inteligibles, que Dios premia al bueno (¡no siempre en esta vida!) y castiga al malo (¡no siempre en esta vida!), y b) Dar una explicación, adaptada a la capacidad de comprensión de esa gente, de un fenómeno muy recurrente en la Mesopotamia, las inundaciones.
En Génesis cap. 6 leemos: “Noé era un hombre muy bueno, que siempre obedecía a Dios. Entre los hombres de su tiempo, sólo él vivía de acuerdo a la voluntad de Dios. Noé tuvo tres hijos, que fueron Sem, Cam y Jafet. Para Dios la tierra estaba llena de maldad y violencia, pues toda la gente se había pervertido. Al ver Dios que había tanta maldad en la tierra le dijo a Noé: “He decidido terminar con toda la gente. Por su culpa hay mucha violencia en el mundo, así que voy a destruirlos a ellos y al mundo entero. Construye una barca de madera resinosa, haz cuartos en ella, y tapa con brea todas las rendijas de la barca por dentro y por fuera para que no le entre agua” …
En el capítulo 7: 1-24 podemos leer: “El Señor dijo a Noé: entra en el Arca tú y toda tu familia, porque he visto que eres el único justo de esta generación. De cada animal puro toma siete parejas, cada macho con su hembra; pero de los impuros, solo una pareja, un macho y su hembra. También de las aves del cielo toma siete parejas, macho y hembra, para preservar sus especies sobre la tierra, porque dentro de siete días haré que llueva sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches, y borraré de ella a todos los seres que he creado. Y Noé hizo todo lo que Dios le había ordenado. Tenía Noé seiscientos años cuando las aguas del Diluvio cubrieron la tierra. Entonces Noé entró en el Arca con sus hijos, su mujer y sus nueras, para escapar de las aguas del Diluvio. De los animales puros e impuros, de las aves y reptiles, entraron con Noé por parejas, el macho y su hembra, tal como Dios lo había ordenado. Al cabo de siete días las aguas del Diluvio comenzaron a caer sobre la tierra. Noé tenías seiscientos años cuando reventaron las fuentes del océano y se abrieron las compuertas del cielo. Era el día diecisiete del mes segundo. Cuarenta días y cuarenta noches estuvo lloviendo sobre la tierra…las aguas subieron de nivel haciendo que el arca comenzase a flotar sobre el suelo. Subían las aguas cada vez más y más, pero el arca se mantenía a flote sobre ellas. El nivel de las aguas subió tanto que hasta las montañas más altas bajo el cielo quedaron cubiertas; incluso el nivel del agua superaba en siete metros las montañas más altas. Así que murió todo ser viviente que se movía sobre la tierra: las aves, los animales tanto salvajes como domésticos, los reptiles y también los seres humanos. Pereció absolutamente todo lo que en tierra firme tenía vida y podía respirar. Fueron aniquilados todos los seres vivientes que había sobre la superficie de la tierra… Solo quedó Noé y los que estaban con él en el arca. La tierra quedó cubierta por las aguas durante ciento cincuenta días…”
“Entonces Dios…Hizo que el viento soplara sobre la tierra, y el agua comenzó a bajar; se cerraron las fuentes del mar profundo y también las compuertas del cielo. Dejó de llover, y el agua comenzó a bajar poco a poco. Al cabo de ciento cincuenta días, el agua ya iba bajando, y el día diecisiete del mes séptimo la barca se detuvo sobre las montañas de Ararat”.

EL MONTE ARARAT
Se trata de un volcán actualmente inactivo, de 5.137 m.s.n.m. Es el más elevado de esa región del Cáucaso. Su cumbre está nevada todo el año y al no tener cerca otras montañas elevadas que lo tapen, su figura aparece majestuosa e imponente sobre los llanos que lo rodean.
El Ararat está en los símbolos de Armenia, y es un fuerte motivo de identidad nacional. Luego del Genocidio Armenio (1915-1923) que dejó entre 1.500.000 y 2.000.000 de muertos, el monte Ararat pasó a manos turcas, pero siempre fue y es, parte de la Armenia histórica y su motivo de añoranza. A pesar de su pérdida, es visible desde gran parte de su Armenia. Ese genocidio se habría provocado por un furioso renacimiento del nacionalismo turco, acompañado de una Yihad islámica contra los cristianos armenios. El trato turco ya era cruel con los armenios antes del genocidio pues eran obligados a convertirse al Islam, se les cobraban impuestos abusivos y se les expropiaban sus propiedades con anuencia de las autoridades. El Genocidio fue la culminación de un largo proceso de sometimiento. Ese genocidio, el primero de los tiempos contemporáneos, es la razón que explica que en muchos países, entre ellos Argentina, haya una numerosa comunidad Armenia.

LA BÚSQUEDA DEL ARCA
Solo quienes hacen una interpretación literal de la Biblia, ignorando los géneros literarios, muestran verdadero interés por ir a buscarla. Desde la antigüedad hubo relatos sobre su búsqueda y ese interés apenas ha disminuido un poco. En tiempos recientes se han realizado muchas expediciones, a cargo principalmente de grupos evangélicos muy conservadores de EE.UU. que están convencidos de que el Arca de Noé está cubierta por los hielos en los glaciares que coronan el monte Ararat y que hallarla es solo cuestión de tiempo y perseverancia. Hay, además, un motivo casi trascendental: quien la encuentre habrá hecho el mayor descubrimiento arqueológico de todos los tiempos, pues tendría enormes consecuencias para la historia, la Geología, la zoología, la botánica, para el evolucionismo de Darwin, etc. etc. Si se la descubriera, la estantería de las ciencias colapsaría.
Uno de los más conocidos exploradores, Richard Carl Bright, asegura que, con la bendición de Dios, en su momento se encontrará, y que existe una clara conspiración internacional encabezada por Turquía, Rusia y los EE.UU. para ocultar su localización y que ellos son los que saben exactamente dónde está. La cosa no es tan sencilla; hoy existe unanimidad cartográfica sobre la ubicación de un monte al que todos los mapas designan como Ararat pero, en la antigüedad, no había acuerdo sobre cuál de los montes de esa zona era el verdadero Ararat.
Flavio Josefo, renombrado historiador judeo-romano, relaciona el diluvio universal con las frecuentes inundaciones que se producían en la Mesopotamia por las inevitables y a veces catastróficas crecidas de los ríos Tigris y Éufrates; ahora esos ríos están regulados por múltiples diques, pero antes las inundaciones eran inevitables y a veces catastróficas. Existía una confusa creencia de que el agua de esos ríos bajaba del monte Ararat en el que se había posado el arca de Noé.
Los cristianos de los primeros siglos no dudaban de la interpretación literal del relato del Génesis y lo confirmaban con muy dudosas historias que hablaban de expediciones a ese monte, del que como prueba trajeron algunas tablas. Más tarde, hacia la Edad Media, las opiniones eran más diversificadas, mientras algunos afirmaban que el Ararat era del todo inaccesible, otros aseguraban que el arca se había desintegrado por el tiempo transcurrido, que los hielos impedían llegar a la cumbre etc.

A fines del siglo XIX las diversas versiones sobre este tema se mantuvieron, pero también las que lo tomaron como tema para bromas y así, en el año 1883 muchos diarios serios del mundo, replicaron una noticia supuestamente originada en Constantinopla según la cual un aluvión de hielo y nieve había arrasado algunos poblados de las faldas del monte Ararat y que entre los escombros producidos habían encontrado restos del Arca de Noé. Esta noticia se extendió por todo el mundo como verdadera, a pesar de que el periodista que la originó, confesó que lo hizo como broma del Día de los Inocentes.
Durante el gobierno imperial de Rusia hubo varios intentos de búsqueda pero, por una razón o la otra, todos fracasaron. Bajo el sistema comunista las expediciones al Ararat fueron impedidas por la URSS con la excusa de que serían aprovechadas por la CIA para hacer espionaje (Armenia pertenecía a la órbita soviética). A partir de 1950 se sucedieron varias expediciones que no llegaron a nada. Hubo un expedicionario que trajo como prueba un trozo de madera que habría sido del Arca y alegó que tenía más de 5000 años, lo que lo hacía compatible con el relato bíblico, pero fue desmentido por las pruebas de datación. Otro expedicionario fue acusado de comprar maderas muy viejas a aldeanos kurdos que vivían en la zona del Ararat presentándolas como prueba del hallazgo.
El astronauta norteamericano James B. Irwin, que en 1971 pisó la Luna, a raíz de ese viaje se convenció de que había algo más que la materia, y viró del campo de la ciencia hacia el de la religión; se hizo pastor evangélico y se obsesionó por encontrar el Arca. La primera de sus expediciones (1977) se frustró porque la policía Turca le negó la autorización para el ascenso. En la segunda (1982) sufrió una fuerte caída que impidió llegar a la cima. Irwin hizo un tercer y un cuarto intento de llegar a la cumbre, pero un fuerte aluvión de nieve los frenó. Diría más tarde que: “es más fácil caminar por la Luna” que en el Ararat; y también: “he hecho todo lo que he podido por encontrarla, pero el Arca sigue eludiéndonos”. Irwin hizo varios reconocimientos aéreos de la cumbre del Ararat y seis intentos serios de escalarlo hasta la cumbre y encontrar allí el Arca pero, por variadas razones todos ellos fracasaron. Estaba absolutamente convencido de la literalidad del relato bíblico, pero con el tiempo admitió la posibilidad de que el Arca se hubiera desintegrado. Luego de su viaje a la Luna, y hasta su muerte, la búsqueda del Arca fue la razón de su vida.
Luego de Irwin y hasta nuestros días hubo muchas expediciones y búsquedas por los más variados medios, incluso sofisticadas fotografías satelitales, pero todas ellas fracasaron. Hay que señalar que tanto en el pasado como en tiempos recientes hubo algunos intentos deliberados, de falsificar restos supuestamente del Arca.
En marzo de este año, se difundió el supuesto hallazgo del Arca de Noé a unos 30 km. del monte Ararat. La forma que se observa se asemeja a una nave hundida en los sedimentos del lugar, que presenta un buen estado de conservación etc. Se han hecho escaneos de radar de penetración del suelo, que revelarían las dimensiones del Arca, largo 157m, ancho 26m y altura 16m. También alegan haber detectado tres niveles en esa estructura, etc., etc. y prometen iniciar a la brevedad excavaciones que confirmen o desmientan la hipótesis. Sin mucha búsqueda, los científicos que se interesaron en el tema, piensan que se trata de una vieja formación geológica, fuertemente erosionada por el viento y el agua, y que su forma parecida a una embarcación es pura casualidad.
Seguramente las búsquedas continuarán.
La próxima nota tratará sobre el Arca de la Alianza y el Santo Grial.

Nota: Profesor Humberto Guglielmin
guglielmin.humberto@live.com

P.D.: La tumba de Omayra se convirtió en un centro de peregrinación religiosa muy popular; hasta Juan Pablo II fue a rezar a su tumba. Muchos, dada su vida y su muerte, la consideran una válida intercesora ante Dios, y por eso le piden que interceda para obtener lo que le piden. Cerca de su tumba se ha construido una capilla para orar. De hecho, se le atribuyen varios milagros y por esa razón se planteó iniciar su causa de beatificación. Este pedido fue hecho al Papa Francisco mientras estaba internado en el Hospital Gemelli de Roma.

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