Nota: Profesor Humberto Guglielmin. –
LAS RELIGIONES
Algunos piensan que las religiones del mundo, además de ser más o menos iguales, son igualmente buenas o malas, y que ninguna de ellas merece credibilidad. Algunos piensan que son instituciones para oprimir a los humildes, para lucrar con su pobreza, para anestesiar a las víctimas de la explotación económica y política, para frenar la lucha de clases etc. K. Marx es quien mejor sintetizó estas opiniones en su conocida frase: “La religión es el opio del pueblo”. Para Marx y otros, dado que
Dios no existe, la religión es un obstáculo porque con la promesa del “Paraíso Celestial” se impide la construcción del “Paraíso Terrenal” aquí en la Tierra. Para estas personas la existencia de las religiones, con las gruesas acusaciones que se les hacen, justifican el ateísmo.
Todas estas opiniones parten de una premisa que no es cierta: las religiones y la religiosidad son creaciones del hombre, que perduran en el tiempo debido a que la familia es el agente de trasmisión y conservación de esas creencias, y si las familias se deshicieran, la religiosidad desaparecería.
Ninguno de los que así piensan, en realidad nadie, puede dar la menor prueba científica de que Dios no existe, y, por otra parte, la religiosidad no puede reducirse a ser “un suspiro de la creatura oprimida” o una construcción de las clases dominantes para tener bajo control al pueblo. La religiosidad no es una respuesta creada por el hombre en desgracia y fragilidad. Por naturaleza el hombre es inevitablemente religioso, le resulta forzado y violento negarse a alguna forma de religiosidad porque es negarse a algo que brota de su naturaleza. Solo personas individuales pueden declararse ateas; no hay un solo pueblo o civilización que se hubiera declarado ateo, o que no haya dado centralidad a la religión. La antropología y la arqueología rebosan de pruebas. Así como el hombre es social por naturaleza, por la misma razón es religioso.
La creencia es una convicción personal de que algo es verdadero y que, aunque no se pueda probar por completo, funciona como una verdad y ayuda a orientar y determinar la vida. Las creencias, individuales o colectivas, pueden referirse a muy variados temas, entre ellos el religioso y cuando las partes de esas creencias se organizan, estamos ante una religión formal. Por lo tanto, las religiones son estructuras de creencias y valores morales mediante los cuales se puede conectar la humanidad con la divinidad, el más acá con el más allá, y la materia con el espíritu.
No todas las religiones son iguales. No es lo mismo que estemos ante una religión que es una construcción humana, a que estemos ante una que invoca su origen divino. Si bien la convicción de estar dentro de la verdadera religión se funda en elementos subjetivos, existen criterios que orientan para diferenciar la religión verdadera de la falsa. Ante una religión falsa, el ateísmo es una actitud obligada, pero la religión verdadera será el resultado de una ardua búsqueda personal.
A lo largo de la historia fueron apareciendo religiones que intentaron estructurar, dar forma, a la religiosidad natural del hombre. Por orden de aparición, las grandes religiones fueron: el Hinduismo, el Budismo, el Judaísmo, el Cristianismo y el Islamismo. ¿Cuál de estas es la religión verdadera? Existen criterios que ayudan en esta búsqueda:
CARACTERÍSTICAS DE LA RELIGIÓN VERDADERA
Debe ser Monoteísta: el mismo concepto de Dios, excluye la posibilidad de tener otros dioses iguales a Él; si así fuera, ninguno de ellos sería el Ser supremo, el todopoderoso, único, etc. Si en teoría hubiera muchos dioses de poder equivalente, estaríamos ante una definición devaluada de la divinidad.
El fundador debió haber sido santo, sabio y de vida irreprochable. Su religión debe tener mandatos espirituales y morales cuyo cumplimiento refleje lo que Dios desea del hombre. Debe promover el amor, la paz, la fraternidad, la libertad y la verdad. Esas enseñanzas se supone que están contenidas
en un libro escrito bajo inspiración divina, en el caso de los cristianos la Biblia, en el de los musulmanes El Corán, los libros Vedas entre los Hindúes, etc.
Procurará que la rectitud moral de sus enseñanzas se difunda en todas partes solo a través de la persuasión. Tratará de lograr una sociedad basada en las virtudes, no en la violencia.
Deberá tener rituales como oraciones y prácticas personales y públicas a través de las cuales el hombre se comunica con Dios. Estas oraciones y ceremonias se repetirán periódicamente.
Ofrecerá respuestas profundas a temas centrales como el sentido de la vida, el origen del universo, la existencia del mal, la enfermedad, la muerte, el más allá…
Deberá tener una autoridad que vigile la ortodoxia doctrinaria y señale las desviaciones que no deben ser admitidas.
Solo la que reúna “todas” estas características, podrá ser considerada verdadera.
LA RELIGIOSIDAD
Es importante diferenciar entre “religión” y “religiosidad”; no son la misma cosa. Son conceptos relacionados, y por eso muchas veces los usamos como sinónimos. Ambas tienen como objetivo lo sagrado, lo que trasciende la materia, pero hay una diferencia importante: la religiosidad es la forma personal de cada uno para relacionarse con Dios. Al ser personal, aún dentro del mimo credo las manifestaciones de la religiosidad pueden variar de individuo a individuo.
Dentro de las formas de religiosidad cristiana, existen manifestaciones que ponen el acento más en la meditación silenciosa y personal, otras lo hacen en forma comunitaria y ruidosa, algunas con jerarquías religiosas y otras sin ellas, en iglesias o en cualquier salón, con ceremonias elaboradas o totalmente espontáneas, etc. A muchos, estas formas de expresar la religiosidad pueden resultarles molestas, y habrá quienes las ridiculicen. Es que cada uno vive la comunicación con lo trascendente de manera completamente personal…
EL SINCRETISMO
El sincretismo religioso consiste en un mix de creencias, resultante de la enseñanza de una doctrina religiosa a pueblos con tradiciones y prácticas religiosas diferentes que no fueron totalmente desarraigadas. Lo común a todas ellas es su incoherencia y confusión doctrinaria; sin embargo, esa mezcla de creencias puede estar muy alejada de las enseñanzas y prácticas de la religión de la que supuestamente derivan. Se dan dentro de todas las religiones; algunas de ellas no solo están contaminadas con doctrinas extrañas, sino que han derivado hacia prácticas y enseñanzas claramente inaceptables, incluso para la justicia civil.
Frecuentemente, dentro de estas manifestaciones de religiosidad sincretista coexisten, dioses y diosas africanos, prácticas religiosas aborígenes con sus dioses, y vestigios del cristianismo. El resultado de esa mezcla es muy diferente según la zona geográfica de que se trate. En muchas zonas de América se practican cultos que evidencian un cristianismo contaminado con influencias no cristianas de origen nativo o africano. En otros casos, el culto tiene aportes donde domina claramente lo africano y tiene apenas una ligera cobertura de cristianismo. En Cuba y Brasil, existen cultos donde la influencia del animismo africano hace apenas perceptible el aporte del cristianismo; algunas prácticas de estos cultos se realizan en forma clandestina, privada y nocturna. Varias de sus prácticas son condenadas por la medicina y por las leyes civiles.
EL SINCRETISMO EN ARGENTINA
Comparado con lo que sucede en otros países, en Argentina el sincretismo es relativamente bajo. La manifestación más auténtica y conmovedora de sincretismo religioso sincero es la del Misachico. Esta práctica suele hacerse en los pueblos andinos de Jujuy y Salta: la gente, en la fecha convenida, va a la casa de la familia donde está guardada una estatua de la Virgen o de algún santo y se dispone a llevarla en peregrinación a alguna de las pintorescas iglesias de la Puna o a la casa de algún vecino relevante de otro pueblo.
Esta procesión en ocasiones puede durar más de un día, depende de la distancia a la que quieran llegar… A esta procesión, con la imagen del santo llevada en andas por vecinos del punto de partida, suelen incorporarse en el camino personas de otros caseríos, y tropillas de gauchos con sus infaltables y numerosos perros. Durante el recorrido se habla, se hacen largos silencios, se canta, se bebe, se tocan los bombos, quenas, flautas y violines, todo en versión libre y se hacen pausas cuando cunde el cansancio. Llegados al destino, se da entrada oficial a la estatua a su nuevo lugar, con aplausos y el sonido caótico de los instrumentos musicales. Cumplido esto, comienza la fiesta en la capilla o en la casa donde va a quedar el santo: se come, se bebe chicha en abundancia, hay bailes y gran animación, hasta que los organizadores del Misachico creen que ya fue suficiente, y comienza un más desordenado retorno. (No siempre es de esta manera)
El Misachico es una expresión folclórica de religiosidad popular, que no puede ser analizada con criterios puristas. Esa gente es moralmente mucho mejor que los que los juzgan. Son personas inocentes, sinceras y honestas que encuentran en esta práctica, su forma de comunicarse con Dios. Para nosotros, desde el punto de vista doctrinario esa ceremonia es todo confusión teológica, pero esas personas están convencidas de que esa es la mejor forma de expresar su religiosidad. No saben otra. Su sincretismo fue forzado por el aislamiento y la carga histórica del lugar en el que viven. Dios no mirará la forma sino el fondo, solo mirará su corazón.
CARACTERÍSTICAS DE LA RELIGIOSIDAD
Algunas características de la religiosidad podrían ser estas:
*Como la religiosidad es un sentimiento íntimo y personal de unión con Dios, que brota del corazón y de la mente, no debería consistir solo en la recitación pública y ritual de oraciones, en extrañas danzas, o en ceremonias parecidas a la magia de circo.
Nunca los gestos externos de religiosidad pueden sustituir las actitudes internas de comunicación con Dios. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad. La religiosidad externa debe ir detrás de la interna.
La religiosidad no debe ser regulada por las autoridades civiles, debe ser libre, debe ser una opción personal respetada. No puede ser impuesta por la propia familia de manera forzada, y mucho menos por el Estado. No son religiosas aquellas prácticas cuyo cumplimiento es impuesto por el Estado o por un contexto social agresivo a la libertad de conciencia. La carencia de esta libertad es evidente en los países musulmanes y en aquellos que quieren islamizar.
Las manifestaciones de religiosidad no deberían aflorar solo cuando estamos ante situaciones muy difíciles; deben ser sobrias y continuadas.
La diversidad de religiones es abrumadora, pero no todas ellas son igualmente buenas. Es una realidad innegable que en todas las religiones existen personas sinceras y muy buenas; lo son a pesar de pertenecer a una estructura de creencias que no es buena. La religión a la que pertenecen no dañó su bondad natural.
La multiplicidad y diversidad de religiones no debería ser un motivo para rechazarlas en su conjunto proclamándose ateo. Algunas religiones son claramente creaciones humanas, y algunas ni siquiera deberían denominarse religiones: en el Budismo solo se habla del hombre y cómo perfeccionarlo, Dios simplemente no cuenta.
La multiplicidad de religiones no debe ser un motivo para alejarse de Dios, sino una razón para buscarlo dentro de las diversas realidades del mundo en el que vivimos.
Nota: Profesor Humberto Guglielmin