APUNTES SOBRE DIOS – Parte 4

Nota: Profesor Humberto Guglielmin. –

LOS ESCÁNDALOS EN LA IGLESIA Y EL ATEÍSMO

*LOS ESCÁNDALOS DENTRO DE LA IGLESIA
Luego del tema del mal, los escándalos cometidos por integrantes de la Iglesia constituyen la razón más invocada para declararse ateos. Esas personas no se explican cómo un integrante de la jerarquía católica pueda cometer actos reñidos con las enseñanzas que predica. Ese hecho, a algunas personas los golpean tan fuertemente los llevan a tomar esta terrible decisión.
Santo Tomás de Aquino define el escándalo como la comisión de actos “intrínsecamente malos, o la omisión de deberes graves”, que pueden llegar a producir daño moral a alguna persona. Omitir lo que uno debe hacer, es equivalente a hacer lo que está prohibido, y por lo tanto reviste la misma gravedad. El escándalo termina siendo causa de ruina espiritual, pues debilita la estructura moral de sus víctimas y de quienes saben de ese escándalo.
En San Mateo 18;6 y ss. leemos: “Pero si alguien hace pecar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una gran piedra de molino y lo hundieran en lo profundo del mar. ¡Qué malo es para el mundo que haya tantas invitaciones al pecado! Siempre las habrá, pero ¡ay del hombre que haga pecar a los demás!”. Las palabras de Jesús son suficientemente fuertes; todos somos espiritualmente pequeños y vulnerables, por lo tanto, son repudiables aquellos ministros de la Iglesia que con sus actos conmueven la fe del pueblo cristiano.

SIN EMBARGO
El primer jefe de la Iglesia, que fue San Pedro, por cobardía, en tres oportunidades negó conocer a Jesús. Judas, otro de sus discípulos, lo traicionó. No por ser discípulos de Jesús dejaban de tener tentaciones; y mientras la mayoría venció esas tentaciones, otros se dejaron arrastrar por ellas. A lo largo de la historia de la Iglesia hubo sucesores de Pedro que fueron sabios y santos, pero también hubo algunos que avergüenzan; lo mismo sucedió en las jerarquías eclesiásticas inferiores. Los pecados más comunes fueron la avaricia, la lujuria, la ostentación de poder temporal, la frivolidad, etc.
Estos escándalos sucedieron antes y ahora, no solo en la Iglesia sino en todas las instituciones compuestas por hombres… La lectura de la historia nos muestra que las fallas graves están en todas partes, en todos los lugares y en todas las jerarquías. Pensamos que los escándalos deberían ser evitables por lo menos en los niveles de alta responsabilidad, pero la realidad no es esa. No nos sorprende que líderes políticos que representan a los pobres y a los trabajadores sean tan desvergonzados como para hacerse ultra millonarios ellos, y, al mismo tiempo, empobrecer despiadadamente a aquellos que los llevaron o los sostienen en el poder.
No nos sorprende que haya jueces delincuentes que protegen a los malvivientes practicando la puerta giratoria y que se muestran cobardes en aplicar la ley ante los poderosos. Que haya abogados que aprovechan sus conocimientos de la ley para evadirla, o para proteger a quienes ellos saben positivamente que son delincuentes. Economistas que saben cómo hacerse ricos en forma parasitaria. Comisarios o policías que roban o protegen a los narcos, etc. etc. Por más extendida que esté la corrupción, porque somos humanos, de ninguna manera se debe dejar sin el justo castigo a los que faltaron gravemente a su deber, pero, al mismo tiempo, el desaliento y decepción que nos produce esa claudicación, no debe ser una razón para que nosotros abandonemos el camino del bien. No porque un cura haya delinquido decidiré hacerme daño apartándome de Dios. No porque los políticos roben, yo también me haré ladrón

Lo abusos cometidos por algunos de los integrantes de la Iglesia, son particularmente graves porque van a contramano de su misión religiosa y moral, y constituyen un gravísimo escándalo para el pueblo cristiano. Además de la justicia divina, debe haber una rigurosa justicia humana que castigue a los responsables de esos abusos. Su condenable conducta personal ha humillado y avergonzado a la Iglesia y al pueblo cristiano…
Desalienta que hombres con las órdenes sagradas, que jueces con la tarea de dar a cada uno lo suyo, que políticos con la misión de buscar el bien común se conviertan en delincuentes; pero, aunque nos duela, eso es posible… porque somos humanos… pero, insistimos, esta verdad no debe ser un atenuante para evitar el rigor de la Justicia, que debería ser muy severa. Indigna que la cobardía de nuestros jueces castigue con severidad a delincuentes de poca monta y se muestre temblorosa ante los grandes delincuentes.
Los escándalos producen un fuerte golpe a las convicciones. Este golpe es mucho mayor en aquellas personas que son influenciables por tener convicciones personales débiles o por estar rodeadas de un entorno que no le ayuda; si lo que ven esas personas son cosas malas, podrían tomar decisiones equivocadas.

En la Iglesia católica han sucedido y suceden hechos muy condenables, pero no caben dudas de que, el escándalo del Padre Grassi recibió una centralidad tan publicitada y direccionada contra “toda” la Iglesia católica, que eclipsó por completo una infinidad de hechos y denuncias muchísimo más graves, la absoluta mayoría de los cuales jamás serán algo más que un incipiente prontuario. Y, respecto a estos escándalos en la Iglesia, conviene recordar una gran verdad: “llama más la atención un árbol que se quiebra solo, que el resto del bosque que crece en silencio.”
Según el periodista de la Deutsche Welle Felipe Espinosa Wang casi todos los clubes de fútbol importantes tienen pensiones para alojar entre 50 y 100 jovencitos del interior para formarlos como futuras estrellas. La mayoría de ellos son de familias pobres y necesitan dinero para comprarse algunas cosas. Aprovechándose de esta realidad, algunos de ellos eran contactados para encuentros con mayores en departamentos de Palermo o San Isidro, y se les retribuía el encuentro con 40 Euros o su equivalente en pesos. La fiscal María Soledad Garibaldi informó que también “reciben pasajes al interior para visitar a sus padres, dinero, ropa y botines”.
Si bien las acusaciones alcanzan a casi todos los clubes, los casos más numerosos y escandalosos son los de los clubes Independiente de Avellaneda y River Plate. La directiva de la O.N.G. “Ayuda a Víctimas de Violación” (Avivi), que ayudó en la investigación, denunció amenazas de muerte para los que investigaban…Por ahora, lo que la investigación está mostrando es que, curiosamente, ninguna de las autoridades de esas instituciones “vio algo fuera de lugar.” Por esta y otras razones, el entramado de dirigentes, sindicalistas (Hugo y Pablo Moyano dirigieron el club Independiente por 8 años), políticos y periodistas relacionados con estas denuncias, se puede garantizar con absoluta seguridad, que ninguno de los implicados será molestado por nuestra acomodaticia Justicia. Tratándose de gente que ronca fuerte, siempre se encontrarán “razones serias para desestimar esas acusaciones”.
Peor aún que estos hechos, son los miles de denuncias “anuales” sobre abusos a menores que quedan sin investigar. Pareciera que solo se investigan algunos hechos seleccionados por alguna razón especial, o aquellos que la prensa destaca con molesta insistencia. El resto simplemente queda en la más completa impunidad. Un informe de la Organización Mundial de la Salud, O.M.S. asegura que en Argentina una de cada cinco mujeres, y uno de cada trece varones han manifestado haber sido abusados sexualmente en su infancia. ¡Horrible! ¡¡¡Pero solo hablamos del padre Grassi!!! Han direccionado la opinión pública hacia un caso particular, para tapar una realidad escandalosa que no se quiere asumir. La Justicia, con la severa sanción impuesta a Grassi, quiere simular que está cumpliendo con su deber.

No se trata de quitar gravedad a los escándalos dentro de la Iglesia, sino de encuadrarlos en su marco: no por ser sacerdotes dejan de ser hombres con las vulnerabilidades de todos. Probablemente en la Iglesia se hayan destapado todos los escándalos graves, pero no puede ocultarse el daño que han producido: muchos han perdido la fe por este motivo, y la Iglesia demostró, una vez más, que es santa y pecadora, divina y humana.

Nota: Profesor Humberto Guglielmin
guglielmin.humberto@live.com

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